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Carta a Mac Miller (1992-2018)

Querido Mac Miller dos puntos estoy seguro de que no fue suicidio.

Quizá tu dealer consiguió material tan bueno que decidiste probar un poco más o tal vez te equivocaste y mezclaste un par de cosas que no debías. Todo apunta a que fue una sobredosis, pero dudo que haya sido intencional. No con ese nuevo disco, que entre las manos todavía se siente tibio. No con esas ganas que, se lee, tenías de salir de gira.

Pero, si cabe la posibilidad de que hayas decidido terminar con tu existencia, el pasado jueves, te entiendo. En una entrevista reciente dijiste que querías “ser capaz de tener días buenos y días malos”. Una mañana abres los ojos y resulta que es un mal día. Te amarga un comentario negativo o que algo no resulta como quieres.

Si te hubieras esperado un año, habrías entrado al, tan exclusivo como infame, Club de los 27. Estabas esperando el veintisiete, en efecto, pero de octubre próximo pues ese día arrancaba el nuevo tour. Veinticuatro horas antes anunciabas que cada noche que hubiese show iba a ser especial. No, no estoy seguro de que haya sido suicidio, me niego a conceder que así haya sido.

Depresión, ¿cierto? A mí me acompaña la ansiedad. Dijo el filósofo Sören Kierkegaard en El concepto de la angustia -palabras más, palabras menos- que la ansiedad se presentaba como un mareo ante la posibilidad de la libertad. Estabas tan cerca de ella, Mac, la codiciada libertad personal y artística; no hay más que comentarios positivos hacia Swimming de tus fans, de periodistas y de otros músicos. Estabas tan cerca.

Pero supongo que te ganó el mareo, y así como las drogas bien empleadas pueden propiciar la liberación creativa, también pueden ser una forma de quedarse dentro del limitado espacio en el que recibimos educación. ¿Qué fue? ¿La familia, los amigos, los fans y el éxito? ¿El desamor?

No, por supuesto que no me parece justo ni correcto culpar a Ariana si, como declaró, te apoyó con tus adicciones cuando estuvieron juntos. No eras responsabilidad suya. Y si te conocí, aunque sea un poco por tu obra, sé que me concederías la razón. Aunque eso no quita la desazón de saberla comprometida con alguien cuando tú, quizá, todavía piensas en ella.

No hay forma de negar la bella pareja que hacían. Y no es un apunte como de revista del corazón. Yo me refiero a lo que había entre ustedes sobre el escenario: las miradas cómplices, el saber de memoria su forma de moverse y las sonrisas de un par de jóvenes a los que hace no mucho se les podía considerar niños. Ojalá sea ahora ella la que tenga apoyo suficiente para resistir un embate más en su vida.

Vaya generación a la que pertenecemos. Cualquiera tiene la popularidad al alcance de la mano con la tecnología, pero seguimos sin entrenar la mente para recibir lo que conlleva ese reconocimiento, lo bueno y lo malo. Sigue nuestra generación sin comprender que una adicción lleva a cuestas un capítulo que necesita ser resuelto, que no hay polvo, humo o jeringa que traiga consigo solución inmediata.

Y temo que no serás el último artista que perezca frente a las drogas.

El año pasado te vi acá en México. La tarde cedía mientras el ánimo en el público parecía incontenible. Eran sólo tú y tu DJ sobre el escenario, pero todas las miradas estaban puestas sobre ti, en los movimientos que hacías con los brazos y la forma en la que acentuabas las bases. Detrás, un cielo rosáceo se proyectaba.

Lo que va a pasar a continuación es que vamos a tratar de encontrar mensajes, indicios o señales, a ver si algo se podía advertir en tu último álbum. Hasta el momento de la redacción, edición y publicación de esta editorial, nada más se ha dicho sobre tu deceso y ya qué más da.

No puedo más que desear que esas cosas buenas y positivas que se leen sobre ti sean ciertas, y que las hayas podido escuchar. Podría decirte que nos vemos pronto, pero no. El día tiene una pinta fantástica. Te gustaría.

Fotografía de Luis Avilés.

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