✌ Music diggers since 2011

Reseña: Deafheaven + Mono en El Plaza Condesa

Después del gran alboroto mediático que hubo entre la salida de Sunbather y el anuncio de su presentación en México, Deafheaven por fin pudo presentar su show completo en suelo nacional, y vaya que cumplieron las expectativas.  Como ya era de esperarse, la intensidad de la presentación propagó todo tipo de manifestaciones emocionales, desde lágrimas y sonrisas, hasta expresiones de desconcierto o conmiseración.

No obstante, es necesario hablar primeramente de su excepcional acto invitado. En esta ocasión, Mono fue la banda encargada de abrir el concierto. La gran importancia de los originarios de Japón era clara al percibir varios grupos de personas portando orgullosamente playeras y parches con simbología de la banda. En general, muchas personas la veían como la banda principal de la noche, lo demás era un añadido.

Sí a Deafheaven la podemos definir como una banda de contrastes, Mono puede ser considerada como una agrupación de detalles. La banda japonesa construye sus canciones a partir de pequeños matices que poco a poco complejizan una base principal. El crescendo musical exalta el sentimiento de las canciones y esto provoca que al final la mayoría de sus tracks terminen en un conjunto caótico de capas de ruidos distorsionados.

Durante el tiempo de su presentación, el cálido juego de luces azules y amarillas que caía sobre los integrantes reforzó las ideas de Requiem For Hell y Hymn for the Inmortal, dos de sus álbumes de estudio más importantes. Las progresiones en Ashes in the Snow y Dream Odyssey sonaron impactantes por su perfecta combinación entre las melodías suaves de inicio y un final conformado por estruendos sonoros.

La clásica Pure as Snow dio a notar las mejores características de la banda en medio del íntimo acondicionamiento de luz y oscuridad. El Plaza sirvió como un recinto perfecto para resguardar en limites estrechos el carácter sentimental de la banda.

La agrupación terminó su presentación con la memorable guitarra de Requiem for Hell y en muy pocos minutos los integrantes de Deafheaven salieron al escenario para realizar un soundcheck previo. Al tomar su guitarra Kerry McCoy ejecutó al instante una potentísima linea de guitarra que seguramente amenazó hasta los ear plugs más sofisticados del mercado.

Por ratos, la banda decidía emocionar al público con breves lineas de batería, golpes de bajo y estruendos de guitarra que marcaban un gran salto de volumen con respecto a la presentación anterior. Al dejar todo listo, dejaron el escenario brevemente y después de algunos minutos regresaron junto con George Clarke para ofrecer poco más de una hora de vehemencia musical.

Bastaron los primeros acordes de Brought to the Water para empoderar a su audiencia. Hacia el centro se replegaron los fanáticos más intensos y Clarke respondió hacia ellos. Where has my passion gone? la primera linea de voz surgió de las cuerdas privilegiadas del frontman y con ello una respuesta exhorbitante del público. Llegó el primer breakdown melódico y así también el hecho inminente de la presencia de la banda en nuestro país. El ahogo emocional de los integrantes y del público cesaron ante una comunicación naciente entre dos entes (público y banda) con los mismos sentimientos reprimidos.

Baby Blue y Come Back generaron los primeros intentos por conformar círculos de violencia colectiva. Conforme los gritos y los guitarrazos aumentaban en intensidad, el público respondía con la misma fuerza. Clarke hacía suyo el escenario, lo convertía en un espacio para confrontar sus demonios internos. El movimiento del centro de la pista cada vez asemejaba más a un huracán iracundo, las personas de alrededor eran constantemente impactadas por los cuerpos de aquellos que dejaban que la rapidez de los golpes de batería se apoderaran del control de sus acciones.

Language Games dejó gargantas desgarradas hasta el punto del ahogo y en ese momento la banda decidió dar un pequeño descanso a su público al interpretar Cody una canción de Mogwai que ha sido vital para su formación como músicos de post-rock.

Después de presenciar las raíces de la banda, Sunbather hizo su presencia magistral. El centro terminó por desaparecer y los asistentes se conjuntaron en una ola de devoción insólita. Las guitarras expansivas del inicio de la canción causaron un desprendimiento entre el consciente y el inconsciente de sus fanáticos. El lado irracional llevó a que los cuerpos comenzaran a elevarse entre los brazos de los asistentes con el destino de una caída fatal. El impacto de golpes sobre la mayoría de los asistentes se hizo casi indispensable para vivir verdaderamente la canción. La violencia desencadenada a partir de la segunda mitad de la canción generó dolores físicos considerables para los aventurados que decidieron entrar a los círculos más intensos. En esta ocasión el dolor sólo potenció la experiencia ya de por sí extenuante por la dinámica de las canciones.

El cansancio de los asistentes pudo sobrevivir aún al momento más esperado de la noche, del año, de la vida misma: Dream House. Experimentar la cascada de emociones que ofrece la canción más conocida de la banda es experimentar en un sólo momento la complejidad sentimental del ser humano. Frustración, deseo, amor, felicidad, odio, tristeza y vulnerabilidad aparecen en un mismo lugar para ser confrontadas directamente. De esta manera el concierto llegó a su fin.

Es difícil no sentirse en una tragedia griega al presenciar la magnificencia de Deafheaven en vivo. Los 60 minutos profieren terror y compasión, contrastes claros que se manifiestan en el plano musical y en el plano escénico. El momento catártico llega después de sus últimas dos canciones, especialmente ordenadas para causar el mayor impacto posible. Sí hay un acto que debe ser analizado, confrontado, experimentado y socializado, es el de Deafheaven, que al final no sólo es un acto musical, sino una representación de la complejidad de la vida emocional del ser humano.

Nota anterior
Young Thug al grito de "Guadalajara"
Nota siguiente
Sesiones de Estanque: el nuevo centro de atención para la música emergente
Atrás
COMPARTIR

Reseña: Deafheaven + Mono en El Plaza Condesa