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Fuimos a la exposición ‘Duffy/Bowie’ y así la pasamos

En lo que a decesos se refiere, este fue un año importante; duro y difícil. Se fue David Bowie a escasos diez días de haber comenzado el 2016, tres meses y medio más tarde, Prince y cuando creíamos que ya había sido todo, hace un mes recibimos la noticia del fallecimiento de Leonard Cohen.

En algunas ocasiones, los ateos tenemos que poner nuestra devoción en cosas más corpóreas o terrenales. La música es un claro ejemplo de ello. Somos capaces de recorrer grandes distancias para un concierto y pasar horas bajo los caprichos del clima con tal de estar cerca del escenario.

Y en este caso, cuando hay un evento que gira en torno a la vida y obra del artista en cuestión, ahí estamos, fieles. Tal es el caso de los tres antes mencionados.

Hace algunos días se inauguró en el Museo de la Ciudad de México la exposición Duffy/Bowie: five sessions, en la que se retratan las icónicas transformaciones que tuvo a lo largo de su carrera el cantante de ojos bicolor.

Duffy era uno de los grandes fotógrafos de moda en la década de los sesenta en una Inglaterra de grandes transiciones culturales, época que con el paso de los años se denominaría los Swinging Sixties. Hasta entonces, había trabajado para las revistas Vogue, Esquire y The Sunday Times.

En esta exposición se juntan 42 de las muchas fotografías que juntos hicieron en cinco sesiones a lo largo de ocho años. La primera de ellas sucedió luego de que en agosto de 1972 Tony Defries eligió a Brian Duffy para tomarle unas primeras fotos a David quien estaba en la búsqueda de construir un nuevo personaje: Ziggy Stardust.

Aunque finalmente no se ocuparon esas imágenes, sirvieron para que iniciaran una amistad y se reconocieran el uno al otro como entes creativos.

Este lazo se estrechó cuando al año siguiente lo volvieron a elegir, pero esta vez para hacer el retrato que quedaría en la portada del sexto álbum de Bowie. Que, por cierto, el nombre iba a ser A Lad Insane, sólo que Duffy entendió Aladdin Sane, y gustó tanto el malentendido, que así se le bautizó al personaje del icónico rayo en la cara.

El propio Bowie pidió la inclusión de este elemento en alguna parte del arte luego de haberlo visto en el avión de Elvis Presley, de quien era fan. Duffy no sabía a bien de dónde meterlo hasta que una maquillista lo delineó en su cara, pero esto no convenció a nadie. Fue entonces que el fotógrafo lo pintó bien grande en el rostro con un lápiz labial.

Estas son apenas dos de las cinco sesiones, aún faltan las anécdotas que le dieron vida a White Thin Duke, Lodger y Scary Monsters, pero para poder apreciarlas bien hay que estar ahí. No porque no se puedan describir sino porque podríamos caer en la santificación o en la evangelización hacia el camaleónico artista.

Porque suele pasar que la música se vuelve algo más que notas, letras e instrumentos; ésta trasciende límites que imponen los hombres. Y lo hemos constatado este año, que Bob Dylan ganó el Premio Nobel de Literatura.

Duffy/Bowie: five sessions en el Museo de la Ciudad de México
Dirección: José María Pino Suárez 30, Colonia Centro.
Horarios: 12:00 a 18:00 horas de martes a domingo.
Entrada libre.

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Periodista | Escritor | Detective salvaje