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Bahidorá: la fiesta, los accidentes y los rumores

Este fin de semana se celebró la séptima edición del Carnaval de Bahidorá, sin embargo cerró con la lamentable noticia del deceso de un asistente quien fue hallado sin vida en el río la mañana del domingo.

Por desgracia, un diario local de Morelos fue el primero en reportar el deceso y en su nota aseguraba que las causas eran una fractura en la cabeza y una sobredosis. Tal afirmación incurre en una falta de ética por parte de este medio pues las autoridades ni el festival habían confirmado, hasta ese momento, las causas.

El error viene en que esa afirmación somete a la estigmatización al fallecido sobre si ha sido su culpa por consumir estupefacientes. Seamos realistas: no hay festival en este país en el que no se consuman drogas. Los organizadores no son ajenos a este suceso y cuando menos Bahidorá ha hecho el esfuerzo de poner un stand en el que alguien, sin pedir datos personales, revisa las sustancias para comprobar su pureza y así disminuir riesgos. Finalmente algo es muy claro: ni Bahidorá, ni ningún otro festival tiene la obligación de educar a sus consumidores.

Reflexión

Pero los accidentes pasan. Alguien, sin necesidad de haber tomado siquiera alcohol, alguien puede tirarse a una piscina y sufrir un percance porque esas cosas pasan. Quienes hemos asistido al carnaval sabemos de la cantidad de paramédicos y personal de seguridad que hay por todo el recinto. Pero, de nuevo, los accidentes pasan.

Lo terrible es ver tuits que no piden, sino exigen que ya no se vuelva a realizar la fiesta. Que se cancele definitivamente. Los mensajes vienen de jóvenes, de menos de treinta años, y son ellos los que se escandalizan como lo hiciera la sociedad al ver en la portada de una revista a la encuerada en Avándaro hace casi medio siglo. Me los imagino persignándose al pensar en la idea de personas de su misma edad tomando un papel de LSD, un ajo o una línea de cocaína mientras escuchan música.

De nueva cuenta las redes sociales vuelven a ser un centro de debate donde todos creen tener la razón y donde, peor aún, muestran su falta de respeto, coherencia y seriedad ante un asunto realmente importante.

Voy a defender, por supuesto, la discreción con la que se manejó el festival al dar a conocer la noticia. Cualquier premura habría podido propiciar en el pánico y hay que responder primero a las autoridades y a la familia.

Sabemos que esto trasciende los diálogos y una vez más nos hace replantearnos nuestra responsabilidad como medio, como periodistas y como entusiastas de la música. Nuestros amigos de LifeBoxset y nuestras amigas de ChidasMX se han unido a la reflexión desde otros ámbitos y celebro esa decisión.

Que esto sea una lección, para todos. Para los medios, en la forma en la que damos la información; para los organizadores, que ninguna precaución es demasiada; para los asistentes, que debemos ser precavidos y cuidarnos entre nosotros.

Que ningún festival sea cancelado si no incurrió en alguna falta u omisión. Que esto no vuelva a suceder.

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Periodista | Escritor | Detective salvaje