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Un bosque de folk donde perderse: entrevista con Joaquín García

Texto: Arturo Corona

En esta realidad en la que no se tiene tiempo de nada, la vida nos exige seguirle el paso a un ritmo casi imposible de igualar. El estrés al que estamos expuestos nos hace buscar un refugio para alejarnos de todo. En el ámbito musical, nos encontramos con el mismo cuento. Nos hemos acostumbrado al ruido y los beats cada vez más agresivos. Por el contrario, la propuesta de Joaquín García es justo ese bosque en la ciudad al que todos deberíamos ir a perdernos un rato.

El género es indie folk, pero los límites se difuminan al igual que tu realidad una vez que decides escucharlo. Joaquín ha hecho esto desde 2012, cuando sacó su primer material. Seis años, un disco y un EP después, lanza su más reciente material The Riverman, en el que la premisa se mantiene… escapar.

Platicamos con él y este es el resultado.

Primero lo primero… ¿por qué cantar en inglés?
J: En principio, porque es la música de la que crecí enamorado. Mi papá escuchaba mucho rock n’ roll de los 60 y 70, él era joven cuando había una gran prohibición del género en el país y no le gustaba el “rock en tu idioma” porque tenía muy clara la diferencia entre uno y otro. Sí, escuchábamos a Soda Stereo y Gustavo Cerati, pero de música en español nos inclinábamos más por trovadores, son y música cubana.

¿Cómo defines la evolución que has tenido de tu primer EP a The Riverman?
J: Creo que antes tenía negada la sección rítmica de la banda y el nivel de producción también ha mejorado mucho. La combinación de esas dos cosas hace que el nuevo disco suene mucho más actual y con una energía más del momento que el primero, pero he mantenido el principio de escritura de las canciones.

En efecto, tiene esa energía que comentas, pero también tiene esta onda de olvidarte del mundo, del ruido y solo sentarte y perderte.
J: Sí. La música siempre ha tenido un lugar en mi vida donde no solo tengo reflexiones profundas sobre quién soy o dónde estoy, también me logro desapegar de todos los males del mundo… creo que esa es una frase de Dylan. Y cuando empecé a escribir, cumplía esa necesidad. Era el momento donde dejaba las máscaras y trataba de ser honesto conmigo, por más simple que suene.

Pues ni tan simple, porque hay todo un trasfondo en ello.
J: Así suena, pero es difícil encontrar un momento donde no estés aparentando cumplir una función, jugando un rol. Eso a mí me lo dio la música, sin duda.

¿Cuál ha sido tu mayor reto como autor?
J: En el primer disco tenía canciones que trataban de reflejar algo muy colectivo, cuando hice el EP que estuvo en medio de los dos discos, eso cambió por completo y fue la primera vez que escribí de manera personal, de cosas mucho más íntimas. Me gustan mucho las canciones de ese EP, pero son como un experimento, y en este disco creo que ya están más entrelazadas.

¿Cómo fue el proceso creativo para este disco?
J: Empecé grabando las guitarras en Pedro y el Lobo. Después me junté con la parte rítmica, Iván Ramos de The Risin Sun y Santiago Mijares de Big Big Love (baterista y bajista). Ya que tuve esos tracks, siguió un trabajo muy grande de edición, poniendo y quitando cosas donde ellos mismos lo tocaron, es por eso por lo que tiene su sentimiento. Luego le pasé las canciones a los guitarristas, Santiago Narváez de Moonatic y Rodrigo Desentis de The Risin Sun. Tengo acceso a ellos por Pedro y el Lobo, y por la suerte de que les gustan mis canciones, si no tuviera eso, la verdad es que no tendría banda por lo difícil que es conseguir a alguien que se clave tanto en tu proyecto.

¿Cuál es la mayor inspiración detrás de The Riverman?
J: Este disco tiene el título que hace referencia a una canción de Nick Drake. Y también me imagino algo como Western Hero de Neil Young. Mezclando esto, tuve una visión mucho más clara del riverman, que era el hombre que sabía hacia donde iba a cambiar de cauce el río, y qué le podía decir a la gente “construye aquí o no construyas aquí”. Y qué increíble revivir esa imagen para estos tiempos tan caóticos. Imagina a alguien que pueda explicar levemente hacia donde va a ir el río, es una imagen super poderosa de la inestabilidad que tenemos, de lo inseguros que somos como sociedad.

¿Qué pueden esperar los asistentes de tus conciertos?
J: Música que está viva, que siempre le abre la puerta lo más posible a la improvisación, que pretende poner las palabras de cada canción en una situación vulnerable, hasta donde se rompa la voz, que se sienta la emoción. Y como género, un lugar muy relajado donde salpiquen destellos de energía y melancolía, pero donde no se repita ningún mood.

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