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#Joyread: ‘El Club de los Abandonados’ de Gisela Leal

Título: El Club de los Abandonados
Autora: Gisela Leal
Editorial: Alfaguara
Año: 2011

Palabras más, palabras menos, la advertencia es clara: si sales ileso de un libro es porque nunca entraste. Un par de jóvenes con la mala fortuna de tenerlo todo, incluida una vida resuelta, se encargan de sabotearse a sí mismos y la gente que los rodea les da la razón. El Club de los Abandonados es la historia de Camilo y Roberto.

Camilo lo tiene todo a manos llenas incluyendo una madre que lo adora y un padre que parece su peor enemigo. Al no poder suicidarse tras fallidos intentos, encuentra un escaparate para las emociones contenidas en la pintura; más que una catarsis, es la única forma de salvarse. How To Disappear Completely de Radiohead acompaña ese primer momento en el que se para frente a un lienzo.

En el viaje narrativo te va a acompañar Semi, una deidad que todo lo ve, en todos lados está y tiene un gusto musical exquisito, así como un humor ácido. La escena anterior escala a tal punto que Semi te va a obligar, en serio, a hacer una pausa en la lectura y conseguir el track.

Roberto arruina su relación con Fernanda, su novia de toda la vida, pues en una noche de destrucción termina por acostarse con su cuñada. La reputación de la familia pende de un hilo y optan por enviarlo a Nueva York. I Know You Are But What Am I?, de Mogwai, suena al verse lejos de casa, mientras se sienta bajo un árbol, a la sombra de la nostalgia.

Varios capítulos van a pasar antes de que ambos se conozcan, en el MOMA, cuando le organizan a Camilo su primera gran exposición en la que Roberto, que en otrora pudo haber sido invitado de honor, funge como mesero. El encuentro se da en los baños y páginas más adelante se funden en un abrazo al reconocerse como almas perdidas. Al dejarse de ver como extraños, la soledad los abandona mientras a lo lejos suena Portishead.

Para celebrar su fraternidad, se entregan a noches de fiesta alrededor del mundo, se llenan de cocaína la nariz y de champaña la garganta, todo patrocinado por la tarjeta negra de papá. Compran una camioneta y un departamento con la mejor vista de Nueva York, y en medio de eso desaceleran para aspirar de un espejo, tomar una pastilla y, mientras hace efecto, la escena se fondea con One Day You’ll Dance For Me, New York City.

Semi va y viene. En una intervención confiesa que es culpa suya el castigo divino de la resaca luego de beber y en otra te provoca a hacerle el amor al In Rainbows durante una misa, a la vista del grupo que lidera Thom Yorke y con Diosito como testigo, que al tiempo que te pide no sucumbir entiende porqué lo haces.

Hasta aquí, esta editorial no abarca ni la mitad del libro, tan divertido como introspectivo. Permítete sentir por estos personajes todo menos compasión que, así como te provocan el anhelo de querer salvarte, te destrozan al reconocerte en ellos. Hay pasajes que tienen ese poder si se los otorgas.

Al terminar, habrás obtenido una membresía que no esperabas y con la que siempre serás bienvenido. Desde el principio estás advertido: el final no es el que quieres sino el que necesitas. Cheers.

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