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#Joyread: ‘La larga marcha’ de Stephen King

Título: La larga marcha
Autor: Stephen King
Editorial: Debolsillo
Año: 1979

Se escucha con no poca frecuencia que hay que disfrutar más del camino que del propio destino. Concuerdo. Sin embargo, una mente como la que posee Stephen King es capaz de retorcer este dicho y convertirlo en un relato de horror. La larga marcha es una novela adecuada a estos tiempos en los que las decisiones políticas y democráticas ponen a temblar a más de uno no sin razón.

En un Estados Unidos distópico que ha caído en un régimen militar conducido por El Comandante se organiza La larga marcha, un evento considerado como deporte nacional al que son convocados los jóvenes apenas entran en la adolescencia mediante un sorteo, aunque muchos otros se enlistan de forma voluntaria. Un total de cien participantes disputan en una competencia en la que no hay que hacer otra cosa más que caminar. Uno va a ganar, los otros noventa y nueve van a morir.

El protagonista de esta historia es Ray Garratay, un adolescente de Maine que ha decidido participar de aquella competencia, aunque no se le nota del todo decidido a ganarla. Aunque su madre acusa que el aparato estatal se le ha metido en la cabeza para hacerlo; su motivación quizá sea otra pues su padre fue desaparecido por un grupo afín al gobierno por hacer críticas al mismo. El centenar de hombres empieza su caminata con tanta rabia como la hay en Walk de Pantera.

Varias reglas se van enumerando en los primeros capítulos: no pueden reducir la velocidad de sus pasos a menos de seis kilómetros por hora ni salirse del camino trazado, si se detienen, recibirán tres avisos antes de que los soldados les “den el pasaporte”. Con armas que parecen electrónicas terminan con sus vidas. El régimen fascista, así como la marcha son asimilados con normalidad por los ciudadanos y los participantes, como en una canción de BADBADNOTGOOD se percibe una aparente calma mientras la carretera se mancha con la sangre de los que recibieron “el pasaporte” luego de sufrir calambres o ampollas.

Garratay se va acercando a algunos de los participantes y simpatiza con ellos al punto de conocer trazos de sus vidas, las condiciones en las que sufren a diario, la homosexualidad reprimida en otros y uno tiene ganas de ganar genuinamente ese concurso pues en casa lo espera una novia embarazada. Pero los que no sucumben a causa de una molesta física, perecen porque los abandona la razón y sus mentes se derrumban ante sus traumas.

Y es que cómo no hacerlo si se les priva de dormir, algunos logran dormitar sin dejar de avanzar y para cuando abren los ojos les dan cuenta de los participantes que no lograron llegar al día siguiente al que le canta David Bowie. Luego salen los secretos aún más oscuros y uno de los jóvenes asegura ser uno de los muchos hijos ilegítimos de El Comandante.

El recorrido empieza en la frontera entre Maine y Canadá y dura cinco días antes de que uno de los adolescentes se proclame ganador si acaso se puede considerar así luego de haber caminado por el lado más salvaje. El premio es que le sea concedido un deseo, el que sea. Si es que tiene cabeza para pensar con claridad al dar el último paso.

No hacen faltan monstruos para causar miedo, no en estos días. Cheers.

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