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Kendrick Lamar está maldito en ‘DAMN.’

“Is it wickedness? Is it weakness? You decide. Are we gonna live or die?”. Estas meditaciones dan inicio a DAMN., el nuevo álbum de Kendrick Lamar. A lo largo de las catorce canciones que componen el trabajo, el rapero de Compton, California, explora esa pregunta. La respuesta depende de los oyentes. DAMN. nos da la posibilidad de decidir el rumbo de este álbum sobre las decisiones: ¿maldad o debilidad? La respuesta no se puede tomar a la ligera, es fundamental. Es, como lo indican esas primeras líneas del LP, un asunto de vida o muerte.

En To Pimp A Butterfly (2015), Kendrick erigió una hermosa y potente crítica contra el sistema racista. El Tío Sam se lucraba de la cultura negra y esclavizaba a sus artistas. Los demonios internos del rapero eran evidentes, pero gran parte del álbum cuestionaba la sociedad, y reivindicaba la lucha negra. En DAMN., Kendrick cambia su enfoque y cuestiona las decisiones que él y su comunidad han tomado; estas los han llevado a la situación en la que se encuentran hoy.

También cambia su identidad. En YAH. rapea “I’m an Israelite, don’t call me black no mo’, that word is only a color, it ain’t facts no mo (…) and Deuteronomy say that we all been cursed“. Lo menciona de forma casual, mientras canta suavemente, pero es una declaración radical:  Kendrick se identifica con los hebreos-israelitas, que se piensan como descendientes directos de las Doce Tribus de Israel bíblicas. Según el Deuteronomio, libro del Antiguo Testamento, luego de que los israelitas recorrieran el desierto por 40 años, Moisés les advirtió que desafiar la ley divina les traería maldiciones, confusión y destrucción por haber retado a Dios.

La maldición del Deuteronomio también la explica Carl Duckworth, primo de Kendrick Lamar Duckworth, en FEAR. Carl llama a Kendrick para decirle que su sufrimiento se debe a que no ha vivido una vida correcta, se ha alejado de los preceptos religiosos. Sufre porque sigue maldito, después de tantos años. Así, según el primo Carl, la única forma de liberarse de la maldición es volver a una vida correcta según los estándares religiosos.

Acá sobresale nuevamente la importancia que las decisiones personales tienen en ’DAMN.’. Más allá de las injusticias estructurales de las que Kendrick se ha quejado antes, parece implicar Carl, debe hacerse responsable de sus errores: las decisiones correctas pueden aplacar la ira de Dios y aliviar su sufrimiento. Kendrick debe elegir y tomar una decisión frente a lo que Carl plantea y DAMN., entonces, es una reflexión sobre precisamente eso, la maldición que ha caído sobre las israelitas; de ahí viene su nombre. A lo largo del álbum, va construyendo su respuesta sobre si es la maldad o la debilidad la causa de su sufrimiento y de la maldición que lo aqueja.

Bajo la óptica de la importancia de las decisiones y la maldición del Deuteronomio, el álbum se puede entender de una manera muy distinta. To Pimp A Butterfly good kid, m.a.a.d. city (2012) son proyectos conceptuales que se deben escuchar en el orden en que están dispuestos. En DAMN., podemos elegir cómo nos acercamos a la música, por el poder de decisión que nos otorga Kendrick. Al estilo de Rayuela de Cortázar, podemos elegir el orden de las canciones. Incluso se puede reproducir el álbum al revés, empezando por DUCKWORTH. y terminando con BLOOD., lo que cambia totalmente la experiencia.

Cada canción es una viñeta que aborda la perspectiva de Kendrick frente a grandes temáticas como el amor, la lealtad, la lujuria y el miedo. A su vez, las canciones también funcionan como parejas opuestas entre sí: BLOOD. DNA.PRIDE. HUMBLE.LUST. LOVE.  Cada camino distinto, cada forma de ordenar nuestra escucha de DAMN., nos dará una respuesta distinta frente a la pregunta inicial de si es la maldad o es la debilidad.

DNA. ilustra cómo Kendrick se debate entre los elementos contradictorios de su herencia. Tiene lealtad y realeza, poder y alegría en su ADN; pero también tiene guerra y cocaína, veneno y dolor. Su carga genética influye en sus decisiones y en su vida, que también han sido contradictorias. Por su música reflexiva y autobiográfica algunos lo han alabado por hacer rap consciente y profundo. Por no glorificar la violencia ni las drogas, por no ser como los demás raperos. Pero con DAMN. , Kendrick muestra que no es un santo ni un guía espiritual: es un pecador confundido, el mejor rapero del mundo intentando encontrarse con Dios. Detrás de los rapeos inmaculados y las instrumentales potentes se esconde un llamado de ayuda de un hombre que rechaza el título de mesías que algunos le asignaron después de To Pimp A Butterfly.

Su lucha contra el peso de estas expectativas es notoria en tres canciones. En FEEL. se pregunta, desolado, quién está rezando por él. ¿Quién lo cuida, después de que todos le piden que los cuide con su música? En PRIDE., describe pictóricamente cómo sería él en un mundo perfecto. Elegiría la fe sobre la riqueza, el trabajo sobre las mujeres, y transformaría las prisiones en escuelas. Pero en el mundo real no lo hace porque, aunque dios es perfecto, nosotros somos una mierda. Luego, en XXX., cuando un amigo lo busca para encontrar paz y espiritualidad después de que asesinaron a su hijo, Kendrick le responde que debe vengarse con violencia, la espiritualidad no cabe ahí. Paradójicamente, luego de eso dicta una conferencia a los niños de un colegio sobre el peligro de las armas.

Estas temáticas del poder de las decisiones, la tentación del mal y la posibilidad de recuperar el buen rumbo, devienen en la última canción del álbum, DUCKWORTH., que puede ser también la más importante y reveladora. Kendrick narra la historia de dos hombres. Uno es Anthony, un pandillero de Compton; el otro, Ducky, un trabajador de Kentucky Fried Chicken. Ducky sabe que Anthony ya ha robado ese KFC antes, y que le disparó a uno de los clientes, entonces cuando lo ve le da pollo extra para caerle bien. Al final, ese pequeño gesto causa que Anthony le perdone la vida. La revelación viene cuando Kendrick cuenta que Anthony en Top Dawg, el jefe de su sello, TDE, y Ducky es su padre, Kenny Duckworth.

Tras esta historia, Kendrick señala que él, el mejor rapero del mundo, es fruto de la coincidencia. Si Ducky no hubiera sido amable con Anthony, o si este lo hubiera matado de todas formas siguiendo la costumbre de su familia, su carrera musical jamás hubiera empezado, probablemente ya estaría muerto. La clave está en las decisiones que se toman, aun ante condiciones adversas. Esta decisión, explica Kendrick, cambió la vida de ambos, y les permitió ir alejándose de la maldición. Ambos podrían haber culpado al sistema que no les había dado oportunidades y que los discriminaba, y habrían tenido razón. Pero tomaron buena decisión, y por eso hoy son el padre y el manager, respectivamente, del mejor rapero del mundo.

La misma voz que empieza planteando una de las columnas del álbum – ¿maldad o debilidad? – también aparece en Duckworth para mostrar cómo ha cambiado el estado mental de Kendrick. “It was always me vs the world. Until I found it’s me vs me”. En DAMN., deja de lado  sus cuestionamientos sociales: se pone introspectivo, inmerso en una lucha interna entre la estructura racista y sus malas decisiones. Parece que, aunque le cree a Carl, se niega a aceptar que la maldición determine su vida. Con decisiones individuales, como las que tomaron Anthony y Ducky, se puede reversar la maldición. Kendrick les otorga agencia a todos los israelitas que están malditos. Los anima a forjar su propio destino con las decisiones correctas, a no rendirse ante la estructura. Sin embargo, en su interior la lucha continúa.

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