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La importancia de llamarse Kendrick Lamar: reseña a ‘DAMN’

Veredicto Joyride

9.1
Pocos son los personales musicales que pueden presumir la importancia cultural que Kendrick Lamar ha consolidado desde su primer lanzamiento en 2010. En apenas siete años, Lamar ha logrado igualar y superar el trabajo de sus colegas musicales.
Producción 9.5
Instrumentación 8.5
Lírica 9.2

Pocos son los personales musicales –y en general del mundo de las artes– que pueden presumir la importancia cultural que Kendrick Lamar ha consolidado desde su primer lanzamiento en 2010. En apenas siete años, Lamar ha logrado igualar y superar el trabajo de sus colegas musicales (competencia, para ser claros); Kanye West, Drake y J. Cole son simples espectadores de su carrera. Estamos en los años dorados de Kendrick Lamar, disfrutamos de la juventud y genio del rey actual del hip-hop.

El viernes pasado el rapero de Compton lanzó DAMN. y los ojos del mundo voltearon a ver su intento por superar a la joya del 2015, To Pimp A Butterfly, y el aún reciente untitled unmastered. del año pasado. Con ambas piezas logro una ecuación perfecta: apropiarse de la crítica especializada + lograr ventas millonarias. No pocos medios musicales los colocaron como lo mejor del año, incluso de la década. La travesía de DAMN implica eso, ¿cómo superar dicho éxito?

Desde que se dieron a conocer The Heart Part 4 y HUMBLE., el mensaje era claro: crudeza sonora y beats poderosos; adiós sonidos jazz y funk, hola rimas descarnadas. DAMN. es un álbum de rap en toda la extensión de la palabra y marca el regreso de Kendrick al sonido del good kid m.A.A.d city. Todo queda claro desde la portada del disco.

El viaje de 55 minutos inicia con BLOOD., que se convierte en una parábola donde Lamar es asesinado por una mujer ciega. Un track suave que funciona como apertura e introducción a la rudeza de DNA., donde celebra su herencia afroamericana. Este par de temas ofrecen el primer episodio polémico del álbum: Lamar samplea un fragmento de FOX News donde Geraldo Rivera, colaborador de dicho espacio, critica su participación en los BET Awards del 2015.

El orgullo se mantiene a tope en YAH., donde de nuevo exclama: “Fox News wanna use my name for percentage/ Somebody tell Geraldo this nigga got ambition”. El rapero alza la voz por su comunidad, defiende sus palabras y condena de nueva cuenta la desmedida violencia policiaca. Rap en su estado puro, contestatario y voraz. ¡Ah!, casi lo olvido: producción cortesía de DJ Dahi, mente detrás de Money Trees.

En To Pimp A Butterfly Lamar es capaz reinventar el género, encuentra ideas y direcciones nuevas donde llevarlo y resulta casi imposible imaginar un álbum más ambicioso que ese. Y Kendrick lo entiende. No intenta seguir esa línea. Regresa a sus orígenes para demostrar porqué es el mejor rapero de la actualidad. Muestra de ello es ELEMENT. donde nos topamos con la primer baraja interesante de colaboradores: producción de James Blake y Bekon (experimentado lobo de mar que ha trabajado con Eminem, Dr.Dre entre otros).

Para los que extrañaban el sonido funky (y a Thundercat), FEEL., será un platillo delicioso para comer lentamente. El colaborador y amigo de Lamar se encarga de tocar un bajo cadencioso que ofrece unos minutos de tranquilidad. Kendrick es un maestro del tiempo, sabe cuando acelerar y cuando frenar; usa yuxtaposiciones estéticas y confía en que podamos seguirle el juego.

Las colaboraciones llevan a los puntos climáticos. LOYALTY. quita el morbo de escuchar –por fin– a Rihanna y a Kendrick juntos; todo resulta en un track sensual que emula un coctel con poderes embriagantes: se mueven entre lo pop que pueda resultar Ri y lo arriesgado que es Lamar. El oasis se extienda a PRIDE. que trae a escena a Steve Lacy, integrante de The Internet. Lacy produce, toca la guitarra y deja voces secundarias.

XXX. ofrece una de las mancuernas más extrañas y menos pensadas, pero probablemente, mejor salvadas en el género. U2 y Lamar no se arriesgaron y entregaron un track bien estructurado donde Bono se limita a participar algunos segundos. Como era de esperarse, la canción está salpicada de reflexiones políticas y sociales; desde el inicio se hace referencia al sueño americano, al America, God bless you y a la criminalización de comunidades negras. Lamar se auxilia de Little Johnny, un viejo conocido, para hacer alusión a la gente que encuentra la esperanza lejos de la educación y cerca del crimen. Evidentemente no dejan de pasar la oportunidad de criticar a Donald Trump y para hacer sentir la falta de Barack Obama en el Despacho Oval.

HUMBLE. eleva decibeles de nuevo. El único single del disco toma un nuevo significado ahora que forma parte de un todo. Como corte independiente funcionaba como advertencia solitaria a los bocones; ahora es un yin-yang que embona perfectamente con PRIDE. donde rapea “I can’t fake humble just ‘cause your ass is insecure”. En HUMBLE. responde a esa arrogancia y sugiere una lucha interna de Kendrick en busca de la humildad.

LUST. se presenta pacífica y poco a poco adquiere tonos e intenciones. BadBadNotGood se hace presente en las consolas de producción y Kaytranada aporta algunas vocales. La letra relata los excesos del ser humano; habla de hombres que juegan videojuegos violentos y de mujeres que gastan el dinero de sus maridos en casinos. “Whatever you doing, just make it count”, Kendrick se mira al espejo y también es punzante sobre sus actitudes desmedidas como estrella del hip-hop… finalmente se acepta como un ser humano imperfecto.

Un nuevo sentimiento aparece en LOVE., donde retrata la intimidad y amistad que vive con su novia. Kendrick se sabe enamorado y con un par de líneas sencillas nos dice que su mejor versión aparece cuando se mira a los de su chica: “You’re a homie for life, let’s get it / Hit that shoulder lean, I know what coming over mean”. Detalle: Greg Kurstin, productor de Adele, se encargó de monitorear la consola en este track.

Un teclado acompaña en la soledad a una guitarra en FEAR. donde Kendrick dedica tres versos a los aspectos que lo aterran en la vida: desde un padre desobligado, hasta su ascenso a la fama a los 27 años. Es aquí, en el cierre del álbum, donde Lamar se desnuda y muestra caras íntimas que pocos conocíamos; habla de pensamientos aleatorios en su cabeza que acabarán matándolo y regala los versos más conmovedores en su carrera. El sentir se escurre a DUCKWORTH., track que narra fragmentos de la vida del padre de Kendrick, de su vida en el barrio angelino, su acercamiento a las drogas y crimen.

El remate del álbum habla de un asesinato que nunca sucedió y que pudo cambiar el curso de la historia que todos conocemos. Lo último que escuchamos es un disparo. Un eco queda en tu cabeza como un recordatorio inquietante de todos los potenciales Kendricks que nunca tuvieron la oportunidad de hacer cosas grandes como las que hace este tipo. DAMN es justo lo que dices y concluyes al final. Una obra de arte fuerte y poderosa que deja en claro lo que un álbum de rap puede hacer.

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