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Viaje de N.Y.C. a L.A.: reseña a ‘City Muisic’ de Kevin Morby

Kevin Morby, a sus 29 años, ha demostrado ser uno de los músicos más prolíficos e inspirados de esa generación de bandas norteamericanas (Ducktails, The Fresh & Onlys, Sonny & The Sunsets) que se inspiran en el pasado del rock para demostrar que aún puede ser vibrante. Ha publicado ya, entre sus trabajos con la banda Woods, después con The Babies (banda que formó con Cassie Ramone, de Vivian Girls) y ahora en solitario, 10 LPs en los que ha demostrado una progresión fantástica hacia la figura de un cantautor con voz propia, en una onda próxima a Cass McCombs o Damien Jurado. City Music, que conforma una especie de “cara B” de Singing Saw –el elaborado y melancólico disco que publicó el pasado año–, es un paso decidido en ese camino.

Ambos álbumes están marcados por el traslado de su residencia a Los Ángeles desde Nueva York –donde vivió durante casi una década, procedente de Kansas City. Llegar a aquella ciudad supuso un fuerte choque emocional para él, pues se sintió solo y extraño. Esa soledad, ya plasmada en su anterior obra, también sobrevuela City Music y su nostalgia, en este caso, se manifiesta en un anhelo del rock clásico de su anterior ciudad de residencia. Porque las canciones de su fabulosa primera mitad, sobre todo, no podían sonar más neoyorquinas, evocadoras de grandes figuras de la capital cultural de la Costa Este yanqui como Lou Reed, Patti Smith o los Ramones: Crybaby, Tin Can, la excelente y juguetona Aboard My Train, la pieza central que da título al álbum (precedida de un poema de Flannery O’Connor leído por la artista Meg Baird) o 1234 (una especie de re-work de People Who Died de Jim Carroll, recordando a “sus amigos” Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy) son pura bohemia de la Gran Manzana en los últimos 70 y primeros 80.

Pero, pese a ese sonido agitado y rockero, engañosamente divertido (sus letras también son tristes y melancólicas) Morby no puede (ni quiere) abandonar ese lado taciturno de sus anteriores obras. Lo hace, en este caso, con una mayor sencillez de arreglos (la extensa nómina de musicos de Singing Saw se reduce aquí al batería Justin Sullivan y a la fabulosa multiinstrumentista Megan Duffy, ambos ex-The Babies), buscando un sonido más orgánico, más cómplice con el oyente. En esa parcela llegan algunos de los mejores momentos del álbum, como la atmosférica Come To Me Now que abre el disco de manera seductora, o la preciosa Dry Your Eyes, un número en el que el productor del disco Richard Swift (The Black Keys, Foxygen, The Shins) dobla su propia voz para imitar a un coro gospel que nos susurra directamente al oído.

La magia de esos dos temas se echa en falta en la recta final del álbum que, aunque suena bonita con una curiosa apropiación de Germs (Caught In My Eye) y ecos de viejo country en Night Time y Downton’s Lights, se apaga con cierto convencionalismo. Pero City Music es la prueba irrefutable de que Kevin Morby es ya más que un aspirante a dar réplica a una cadena de artesanos de canciones rock como Jeff Tweedy, Bill Callahan o el citado McCombs.

Texto de Raúl Guillén publicado originalmente en jenesaispop.com

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