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Todo va a estar bien, Mark Everett me lo dijo: reseña a ‘The Deconstruction’ de Eels

Veredicto Joyride

7.8
Lo nuevo de Eels es una montaña rusa que sabe exactamente cuándo ir despacio, para después volarte la peluca a toda velocidad con melodías rápidas y contagiosas que están dispuestas a sacarte de menos una sonrisa torcida. Mark Oliver Everett parece haber encontrado esa sonrisa, después de once discos, una autobiografía publicada y más de 20 años de carrera, dejando en claro que ya no quiere ser ese sadboy de la música indie.
Instrumentación 7.5
Lírica 8.5
Producción 7.5

Por Gerardo Juárez | @gerardogayo

Hablar de Eels es sinónimo de tragedia, véase con buenos ojos o no, existe una etiqueta sobre cómo Mark Oliver Everett –alias E, alias Mr. E, alias el barbudo que canta en Eels– se ha ganado durante su carrera, combinando abiertamente su vida personal con la música. La historia del cantautor ha sido un constante sube y baja, donde probablemente la mezcla de simples acordes descendentes y la ingeniosa, pero a veces forzada rima en sus canciones, no le habrían alcanzado para poder hablar de un doceavo material, si este no hubiera pasado por tan desafortunadas experiencias.

Ver morir a su padre, el suicidio de su hermana y el agresivo cáncer que sufrió su madre, terminaron convirtiéndose en momentos clave de su pasado a finales de los noventa, estos dos últimos sucesos ocurrieron mientras Everett apenas saboreaba su ingreso al glamoroso mundo de la música al mero estilo MTV. Acontecimientos de este peso dieron un giro inesperado en la vida del compositor, motivo que lo orillaron a escribir una autobiografía donde nos confió muchos de esos momentos difíciles, que por azares del destino sirvieron para darle fama e identidad a Eels.

En los últimos 4 años no supimos nada de “E”, esporádicas publicaciones en redes sociales, entre las que destacan la muerte de su perro Bobby Jr. y su reciente participación en la serie LOVE, lo ubicaron en el mapa por un tiempo, pero no como nosotros hubiéramos deseado. Después de su último corte The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett (2014), el músico se enfrió por un rato y probablemente al ritmo de Netflix & chill agarraba su guitarra en busca de ideas y nuevas melodías para lo que sería su más reciente material.

Everett regresa ahora con algunos centímetros menos de barba y con The Deconstruction, otro disco ideal para chicos tristes, que reafirma lo predecible que puede llegar a ser, revelando su estado de ánimo con cada nuevo lanzamiento. El número 12 en su vasto catálogo, no es la excepción y a pesar de contar con la melancolía clásica de Eels, trae consigo ciertos chispazos de esperanza con los pasos a seguir para poder encontrarla. Aquí probablemente tengan lugar su reciente divorcio y el nacimiento de su primer hijo, indiscutible referencia en Archie Goodnight un dulce lullaby que nos muestra su lado paternal.

Con cierta efervescencia y optimismo, canción tras canción nos repite un constante “amigo, date cuenta”, con la firme intención de recordarnos que siempre es un buen momento para dejar a un lado la negatividad y empezar a ver las cosas bajo otra perspectiva; tal como dice Today is the day, canción que me parece ideal para empezar con entusiasmo uno de esos lunes por la mañana, atorado en el tráfico de Periférico

Otros aspectos inclinados a contextos políticos y su efecto en la sociedad norteamericana, son toda una sorpresa en el contenido The Deconstruction, más aún si consideramos que el compositor poco (o nada) se ha pronunciado al respecto de estos temas. La llegada de Trump y el evidente radicalismo con el que gobierna a los EE. UU, tomo por sorpresa a muchos y sutilmente lo refleja en Sweet Scorched Earth, mezclando dicho contexto con su situación familiar actual.

The Deconstruction sabe a esperanza e ingeniosamente mezcla los tragos amargos de whisky del End Times (2010) con dirección a esa luz al final del túnel, que solo percibes a través del Daisies of the Galaxy (2000). Musicalmente hablando, Everett cubre bastantes instrumentos y a pesar de que los experimentos no le han venido bien (sino pregúntenle al Tomorrow Morning del 2010), aquí parece haberse manejado con mayor reserva, siendo particularmente cuidadoso con ciertos detalles. Su nuevo larga duración es una montaña rusa que sabe exactamente cuándo ir despacio, para después volarte la peluca a toda velocidad con melodías rápidas y contagiosas que están dispuestas a sacarte de menos una sonrisa torcida.

Mark Oliver Everett parece haber encontrado esa sonrisa, después de once discos, una autobiografía publicada y más de 20 años de carrera, dejando en claro que ya no quiere ser ese sadboy de la música indie.

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