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Ansiedad y depresión a medio cocer: reseña a ‘Negro Swan’ de Blood Orange

Veredicto Joyride

7.3
No podemos negar el hecho de que este álbum va a ser uno de los importantes de este año, y claro, nos dará también mucho tiempo más para sentarnos a escuchar lo que este disco tiene que decir, pero en términos generales, Blood Orange no ha encontrado, esta vez, las canciones más impactantes para contárnoslo.
Producción 6.8
Instrumentación 7.8
Lírica 7.2

Vivimos un momento importante para la negritud. En los años recientes hemos puesto atención particular a la publicación de obras musicales que han buscado reflejar la dura realidad que vive la comunidad afroamericana en Estados Unidos (más aún con la la marcada división de opiniones que trajo el triunfo de Donald Trump); desde Lemonade de Beyoncé, el mismo DAMN. de Kendrick Lamar o incluso el A Seat at the Table de Solange, son algunos de los ejemplos que más rápido aparecen en mi mente. Blood Orange no es un proyecto ajeno a esa expresión: en 2016 contribuyó su grano de arena a este momento en la cultura americana con un disco estupendo como Freetown Sound que contenía al menos dos de las mejores canciones de su carrera, Best to You con Empress Of y Augustine, que supusieron una consolidación en su carrera.

El nuevo disco de Dev Hynes, Negro Swan, de emotivo título por todo lo que conlleva, busca profundizar más todavía en la experiencia negra que su obra previa, concretamente en lo que él llama “depresión negra”, indagando en las “ansiedades de la gente queer y de color” así como en su propia infancia y en los “traumas modernos” que sufren estas dos comunidades en Estados Unidos. No es un asunto sencillo. El viaje lo inicia con tracks que en ocasiones desprenden un aroma muy jazz, conteniendo saxófonos por ejemplo los singles Charcoal Baby y Jewelry o el interludio Family; de repente, el góspel hace acto de aparición en Holy Will, dejando en claro que el género está más vivo que nunca en la cultura popular norteamericana. La mayoría de las nuevas canciones de Blood Orange mantienen la estética retro ochentera minimalista que ha hecho popular a Devonté Hynes, desarrollando en otras pistas influencias como el funk, que campa a sus anchas en la emocionante Orlando, o el neo-soul dosmilero, que la voz de Georgia Anne Muldrow convierte en Runnin en una experiencia religiosa.

Dice Hynes que la “esperanza” es el hilo que hilvana todas las canciones del Negro Swan y precisamente Hope se llama una de las mejores canciones del disco, un tierno R&B protagonizado por un dialogo romántico entre Tei Shi y el rapero Puff Daddy (sí, ese figurín que robó muchas portadas durante la década pasada), quien, según cuenta Blood Orange, consiguió su número aunque no sabe cómo. Diddy relata al final de la canción su deseo de querer ser amado y no poder aceptar ese amor, un sentimiento que humaniza a un músico que probablemente no es muy conocido por esa cualidad terrenal. Es curioso que la canción estrella de Negro Swan, Charcoal Baby, refleje un sentimiento tan opuesto en frases como “nadie quiere ser el cisne negro, eso puede romperte a veces”, porque de su composición parece nacer una buena parte de canciones del álbum, sobre todo la idea de ese envolvente riff de teclado que, como de la nada, despega y se corta a mitad de camino en el estribillo; una idea presente también en Orlando, Chewing Gum o Runnin, en todos los casos logrando efectos muy evocadores.

No hay en Negro Swan, de primeras, demasiados singles históricos como You’re Not Good Enough o Best to You, aunque Charcoal Baby sería sin duda uno de ellos. Pese a colaboraciones de Diddy y A$AP Rocky, quien protagoniza uno de los momentos más memorables –y extrañamente emotivos– del disco gracias a su “mumble rap” en Chewing Gum, Blood Orange ha publicado menos singles esta vez en busca de una obra más fluida y más unificada, que a menudo toma forma de ensayo de la mano de la escritora y activista transexual Janet Mock, quien recita varios pasajes a lo largo del álbum dedicados a la familia (precioso su texto sobre esa familia escogida que no se limita a la biología) o a las inseguridades. Sin embargo, se echa de menos en Negro Swan que ese análisis sobre la “depresión negra” se traduzca en canciones más carismáticas y letras más claras sobre esos temas que le preocupan. Blood Orange suena abatido cuando, en Chewing Gum, canta “ya lo hemos visto todo, y estamos cansados, ¿qué más quieres de mí?”, pero ese es el tipo de reflexiones vagas que prima en el disco, y ese cansancio se percibe también en unas composiciones que suenan a medio cocer, como Saint (donde hay escondido un gran single pop que el presente tema no es); la sentimental Dagenham Dream, con un punto turbio que recuerda a Ariel Pink, y que podía haber ido más allá; ese jugueteo bossa que es Minetta Creek o ese experimento acústico, con un “guitar droning” que parece de Animal Collective, que es Smoke.

Como esos sintetizadores que despegan como cohetes en varios puntos de Negro Swan, muchas canciones del nuevo álbum de Blood Orange parecen querer ir más allá pero no poder. Y es una pena porque, si hubieran ido más allá, habrían encontrado formas tan brillantes como la que toma ese Charcoal Baby, uno de los mejores singles del año. No podemos negar el hecho de que este álbum va a ser uno de los importantes de este año, y claro, nos dará también mucho tiempo más para sentarnos a escuchar lo que este disco tiene que decir, pero en términos generales, Blood Orange no ha encontrado, esta vez, las canciones más impactantes para contárnoslo.

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