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Noche de estruendo: A Place to Bury Strangers regresa a México

Texto y fotos: Alfonso Pont

Lo noche del sábado se vivió un concierto como pocos en la historia del Caradura, acá, en la Ciudad de México. Ya es bien sabido que A Place to Bury Strangers se entrega al cien en todos sus eléctricos shows y su última visita a nuestro país no fue la excepción.

Antes de que los de New York se apoderaran del escenario, de la velada, del público y sus almas, hubo un par de presentaciones del talento nacional de post punk, Marlento y Stendal, que bien sirvió como aperitivo antes del plato fuerte. Las presentaciones estuvieron cumplidoras. Algo emocionante es que ya se está hablando dentro del circuito de la escena nacional de otros géneros, alternativas y distorsiones alternas a las de siempre. Eso emociona. Pero hace falta perfección y encontrar un sonido auténtico sin recurrir a la imitación de los clásicos del post punk o shoegaze.

Al filo de la media noche, el telón que separó a dos mundos para después hacerlos parte de un mismo universo de indisciplina, rebelión e infamia, se levanto. Sonó We’ve Come So Far y en foro de la colonia Condesa confirmó que es el hábitat de una banda que necesita de espacios cerrados para explotar. Luego vino el primer momento de comunión: Oliver y Dion Lunadon acercaron una luz estrobo al púbico, misma que viajó por todo el foro, generando descargas de adrenalina en todos los presentes.

Luego vino un momento de tranquilidad, algo que no sucedió en la pasada presentación de los neoyoequinos en el Festival Nrmal 2016. Dissolved inició y el público se pasmó y se quedó viendo a la banda liderada por Oliver Ackermann moviendo la cabeza y subiendo videos y fotos a Instagram; no hubo slam, no hubo aventones ni saltos. El inicio del concierto se engalanó de consideración.
No fue hasta que comenzó la distorsión de Fear que el público de nuevo dejó caer frustraciones e impotencias a la persona de enfrente con toda la ira que amerita la rola.Pieza clave del concierto fue el momento en que el trío tomó sus instrumentos, bajó del escenario y comenzó una especie de set electrónico bastante íntimo destacando las mejores rolas de su álbum homónimo con el público iluminando el momento con celulares.

Un show con joyas de sus cuatro álbumes y un sonido impecable. A pesar de que Caradura no estaba ocupado en su totalidad –probablemente por el alto costo de las entradas–, el público presente mantuvo la atención y fuerza en la presentación. A Place to Bury Strangers dio lo mejor de sí, como siempre.

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En 2011 escribí sobre Jack White e inició Joyride. Rocanrol y karatazos.