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Nuestra segunda odisea por el Primavera Sound Festival: reseña y fotos

Primavera

Tras dejar un pequeño rastro y constancia física durante nuestro primer paseo por el Primavera Sound 2018 durante sus jornadas gratuitas, llegó el día. La puerta grande se abrió para descubrir el gigantesco espacio del Fòrum con más de 15 escenarios repartidos en diferentes secciones, con espacios de rock, electrónica y lo que apetezca lucir al festival en cualquier momento. Con el horario en la mano y consciente de algunos terribles y dolorosos solapes, el primer día comenzaba con buen tiempo, ambiente relajado y nervios a flor de piel. Y tensión al pensar que me encontraba a pocas horas para ver a Nick Cave.

A partir de aquí, trataré de explicar con detalle a la par que todo lo brevemente posible, como hemos vivido el Primavera Sound Festival contando el funcionamiento de sus entrañas y fuerzas motoras que lo levantan como un referente en Europa.

Jueves: primer día.

La tarde se echó encima, sin querer, entre algunas copas de más, acelerado por mi playlist personal del festival, pero estaba ya todo en marcha y rumbo a ver una banda ejemplar. Una de mis bandas femeninas favoritas del cartel, que este año  afortunadamente tiene mucha presencia, iba a inaugurar el festival. Ellas son Warpaint. Con el sol de la media tarde, su sonido a caballo entre el pop y el shoegaze, sonaba limpio, hipnótico, romántico… habían pasado poco más de la mitad tocando sus viejos temas cuando Love is to Die, de su último largo Heads Up inauguraba en directo su nuevo sonido, seguido por más canciones de su viejo Exquisite Corpse, dejándonos a todos cada vez más absortos por su delicadeza. Pedíamos que nunca acabase el concierto, las pinturas de guerra tamborileaban en el escenario Seat, con su pegadiza New Song, pero nuestro primer contacto tuvo que finalizar con la exquisita y cambiante Disco/Very.

Como premio de consolación, me trasladé al otro escenario de enfrente, en el que The War on Drugs abría el telón para enseñarnos sus tristes baladas alucinógenas, para sorprendernos con su nuevo A Deeper Understanding sin dejar fuera Pain o Holding On; junto a las inolvidables An Ocean Between the Waves e In Reverse. Las poderosas melodías y los golpes de sintetizador elevaron el nivel de expectativas inmensurablemente. Por ello, una de las cosas que mas lamento de estos tres días fue tener que dejar este espectáculo a medias, aunque fuese por motivos de fuerza mayor: Unknown Mortal Orchestra afinaban guitarras en el escenario Primavera Music.

En una posición centrada y más que decente, con algunos fans anglosajones impacientes y etílicos, pudimos ver a Ruban Nielsen llegar con su equipo detrás para romper el escenario con los primeros acordes distorsionados de su enérgica y clásica FFuny FFriends. Después de desatar toda la energía y coros necesarios, continuó con sus canciones más antiguas y rompedoras: From The Sun, Swim and Sleep (Like a Shark), So Good at Being in Trouble, y mezclando todo ello con sus nuevos temas de Sex & Food, un álbum más distorsionado y sobrio que su anterior Multi Love pero que rompió esquemas y amplificadores, dejando que la guitarra y los sintetizadores hiciesen todo el ruido necesario. American Guilt, Not in Love We’re Just High, Ministry of Alienation… todo sonaba en conjunto soberbiamente, dejando paréntesis para improvisar libremente y jugar con espacios instrumentales, sin dejar fuera del show Necesary Evil, Can’t Keep Checking My Phone y la infalible Multi-Love, coreada y bailada por una multitud poseída. Sudados, agotados y suficientemente orgullosos -y con razón-, se despidieron de todos, mientras el público no paraba de comentar la sorpresa e intensidad vivida en ese momento. Tanta intensidad que a la mayoría nos parecía haber olvidado que en el escenario grande al que hacía pocas horas escuchábamos a Warpaint, se encontraba Björk con su extraño espectáculo de criaturas celestiales y faunos. Aunque lo grande estaba todavía por acontecer.

No puedo postularme como un gran fan de la islandesa, así que me contenté con intuir algo de su escenario con extrañas coreografías y disfraces desde las pantallas. Me decanté por escoger un buen sitio para ver a Nick Cave and the Bad Seeds. Listo pues, vestido con una camiseta de un retrato del australiano ya manchada con mostaza por un perrito caliente, esperé de pie hasta que Warren Ellis tomó posición con el resto del grupo y la leyenda viva apareció, más enérgico que nunca. Rompieron el escenario nada más llegar, haciendo sonar las tenebrosas y profundas notas de Jesus Alone, más vibrante y emotiva que nunca, sabiendo todos de sobra la historia que precede al disco Skeleton Tree. Cave reaparece como una ave Fénix de entre su tristeza y lágrimas tras perder hace ya tres años a su hijo adolescente, para contarnos con sus versos y leyendas que todo esto forma parte del tiempo, de la vida y las emociones. Destruirse y reconstruirse, gritar y sudar. Sea o no sea ese su sitio, Nick Cave llega como un terremoto y nos sacude desde dentro hacia fuera.

Tras dejarnos con la piel de gallina, enciende de golpe el escenario con un tema primerizo en su carrera pero inmortal, From Her to Eternity. Sin descansar todavía y ya en caliente, continuó su espectáculo atómico, porque como un trueno salieron dos temas más de su explosivo y casi olvidado Let Love In: Do you Love Me, intensa tal y como suena, junto a Loverman, tremenda reaparición de otro de sus mejores y oscuros temas. Desde 1999 sin tocarla en directo y en exclusiva para todos los afortunados asistentes del Primavera Sound.

Con la agitación ya a flor de piel, el viejo Cave siguió entregándose al público y buscando complicidad en las primeras filas, logrando la conexión general con The Ship Song y The Mercy Seat, culminando con la popular por todos, Red Right Hand. Todo en sintonía, baladas emotivas, gritos desgarradores, ansia, furia y romance se fusionaron. Todavía queda espacio para más tragedia y desesperación de Skeleton Tree: Girl in Amber, Distant Sky… tras otra vez enloquecer con Jubilee Street y Deanna y abarrotar el escenario de público bailando, coreando los estribillos, tocando y agarrando a Nick, como si fuera un ángel caído. Hasta acabar, pacientemente, rebajando los niveles, temiendo lo peor: Push the Sky Away sirve como una despedida cálida y una vuelta para poner los pies en la tierra. Nick desaparece y la multitud se dispersa, pero la alegría y el sentimiento queda flotando en cada partícula.

Trato de peinarme, me coloco la camiseta arrugada, retomo la respiración y decido que es hora de cenar. Un momento de descanso necesario que me obliga a ignorar el esplendor directo a dos (aunque parezcan veinte) manos que debe estar dando Nils Frahm en ese momento. Pero más cerca tengo a CHVRCHES, así que disfruto de la comida mientras veo a la nueva Cindy Lauper entonar dulcemente su pop electrónico que, por segunda vez, no me motiva lo suficiente para soltar la melena, pero da para disfrutar de un buen rato. Una vez recuperadas las fuerzas, vemos desde las gradas a Four Tet pinchando en el escenario RayBan, todavía con fuerzas después de ofrecer un set que duró seis horas ese mismo mediodía. Después de cabecear con los bajos y teclados electrónicos, descubrí a unos roqueros llamados Here Lies Man con toques de stoner que me introdujeron en caóticos loops y circuitos inacabables de riffs de guitarra y golpe de bajo. Distorsión enervante heredera de Black Sabbath que me mantuvo en velo hasta las cuatro de la madrugada, cuando ya decidí que era hora de descansar y retirarse para un nuevo día. Esa noche Nick Cave apareció en un sueño y me avisó que fuese con cuidado pues el cristal oscuro me perseguía, y en mi interior se encenderá un fuego intenso. Bueno, si él lo dice.

Viernes: segundo día.

Los oídos me zumbaban y la luz matutina me avisaba de que ya era hora de levantar el culo. Pasaba algo de corriente por la ventana, así que decidí cerrarla en una postura poco convencional. Y ay, el viejo Cave ya me advirtió que no me acercara a cristales. Mi hombro salió por el lado que le dio la gana, pero de alguna manera milagrosa, San Primavera Sound decidió recolocarlo poco después en su sitió pero con un leve ardor.

Llegué tras algunos quejidos para ver a Father John Misty y su indudable derroche de estilo sujetando la guitarra, quien es quizás, el mejor modelo de gafas de sol polarizadas del mundo. Sin duda, se desenvuelve en el género del americana y el country folk como pez en el agua. Aunque sorprendía no verle en frente de una bandera enorme de USA. Escuchamos un repaso decente a su discografía, así como temas nuevos de I Love you Honeybear. Al igual que la mayoría de artistas en este festival, ha estado sobradamente preparado para diseminar clásicos y temas nuevos por igual. Aunque en líneas generales, su sonido se hizo bastante monótono, mencionando también que no es un género al que tenga especial interés.

Sin tener espacio a penas para disfrutar una cerveza, The National se plantaron pronto en el escenario Mango. Otros con un trabajo nuevo bajo el brazo comenzaron con clase y sobriedad presentando Sleep Well Beast con algunos de sus mejores nuevos himnos: Nobody Else Will Be There o The System Only Dreams in Total Darkness. Aunque ya había presenciado a unos The National más entregados y enérgicos, sus temas nuevos sonaron con elegancia y la inconfundible celebración melancólica: Mr. November, Fake Empire y la nueva The Day I Die. Tampoco dejaron fueran grandes canciones de su Trouble Will Find Me como Don’t Swallow the Cap, Graceless y I Need My Girl, siempre igual de efectivas, coreadas por un gran número de fanáticos, y en líneas generales, canciones monumentales por formar parte del momento de más inspiración en toda su carrera. Sin destacar la banda por  una gran entrega, pero sí por mucho esfuerzo, dieron un concierto correcto y sobrio, cerrando el espectáculo con los inmensos versos de Terrible Love. 

El momento de llenar la panza implicó dejar de lado a grandes como Thundercat o Ride, o en su defecto Migos, quienes cancelaron y dejaron espacio en el escenario para una improvisada subida de Los Planetas. Pero tomamos asiento en la larga colina que hay enfrente del escenario Primavera y observamos como Charlotte Gainsbourg acariciaba las teclas y cantaba con voz suave y melancólica sus nuevos temas de Rest, diez años después de su álbum debut. Un momento bastante adecuado para el descanso y la contemplación, aunque con un juego de luces esquizofrénico y con alguna que otra salida explosiva y electrónica. Una vez recuperadas las fuerzas, pudimos dar saltos a ritmo de hip hop salvaje con los beats libres de Mike D, líder de los Beastie Boys, que mezcló a su idea y placer las canciones que le venían en gana, junto a hits de los Beastie como Sabotage, Make Some Noise e Intergalactic. Tras este momento, Panda Bear salió a pinchar sus delicias experimentales, pero nos despedimos de él rápido para llegar a ver al gran mesías del garage contemporáneo.

Al fondo de la muchedumbre y en una esquina junto a sus músicos apareció el simpático guitarrista de melena rubia Ty Segall, con la ahora llamada Freedom Band, también con un nuevo discazo: Freedom’s Goblin. Tuvimos nuevo material disponible como Fanny Dog, Every 1’s A Winner, Despoiler of a Cadaver… Segall sonaba mucho más brutal y pesado, en todos los sentidos. El sonido garage caleidoscópico quedó fuera y dio lugar a un ritmo mucho más sucio, quizás con el problema de estar casi ante una unidad de secuencias algo desplazada del sonido clásico que empapaba discos como Melted o Twins. Sin parar a penas para respirar, dio un repaso a canciones anteriores: Candy Sam y Squealer, Wave Goodbye o Finger, aumentando con insistencia la energía y velocidad de lo que parecían mil guitarras a la vez. Al llegar a Warm Hands /Freedom Return ya no había quien le parase y todo continuó sucediendo de una misma tirada. Aunque tenía muchas más expectativas y no callaré al reconocer que era uno de los conciertos que más ansiaba este año, el derroche de electricidad fue imparable, pero habría agradecido estar mucho más cerca para vivirlo empapado de sudor y no dejarme adormecer por un dolor en mi hombro traicionero. Cerca del final, coreamos los estribillos de Caesar y meneamos la cabeza hasta estar cerca de un derrame cerebral, para despedirnos del californiano, con muchas ganas de más y ansiando poder verle en otra ocasión. Con las condiciones que este pilar del nuevo garage rock merece.

Finalizamos la noche dando vueltas y bailando por las zonas electrónicas de Primavera Bits: Omni, the Black Madona y Ame II Ame hasta que nos dieron el cierre del festival y como zombies, nos despedimos de la segunda jornada

Sábado: Último día, triste final.

El tercer día de Primavera Sound es inconfundible porque no estás vivo ni muerto. Sigue la emoción y el ansia, sabes que vas a bailar, pero todavía no sabes cómo. El día comenzó con otro altercado no demasiado serio que involucró una motocicleta alquilada y dos policías algo empedernidos, que insistían en hacernos perder el tiempo y a mi, lamentar haber desayunado cerveza. Después de deshacernos de ellos, llegamos volando al festival para ver la segunda mitad del increíble y polifacético arte experimental y pop de Ariel Pink.

Pink y su banda celebraron un escenario lleno con humor y ritmos pegadizos de su reciente Dedicated to Bobby Jameson, grandes temas que juegan con lo meloso: Bubblegum Dreams, Another Weekend, y algunos punteos psicodélicos de Baby; pero también rasgueos intensos y agresivos a caballo entre el metal y el disco de los ochenta, como Time to Live y su tema homónimo del nuevo disco.

Casi como balas pasamos el próximo escenario para ver el legendario regreso de Slowdive. Con algunos veteranos entre el público, los jóvenes también participaron celebrando nuevos y eternos hits como Sugar for the Pill y Star Roving. El ambiente a medida que anochecía se hacía más íntimo y cerrado, las luces se proyectaban sobre todos los miembros de manera misteriosa y una densa niebla de marihuana espesaba el espacio. Por momentos, cerraba los ojos para dejar la concentración fija en los teclados hipnóticos, la batería inquieta y las voces amables que invitaban al meneo sinuoso y calmado. Nada en ellos parecía haber cambiado con el tiempo, y a su vez, parecían sonar más inspirados y frescos que nunca, con una confianza íntima. Un inolvidable festín de harmonías de ensueño y surrealismo, suavemente interpretando Slomo, When the Sun Hits o la versión de Syd Barrett que prácticamente ya han convertido en su propio clásico, Golden Hair. Un emocionante final para un banda que ya tiene su merecido conocimiento.

Volvimos al primer escenario para ver, entre un decorado de plantas en lo profundo de una cueva a Grizzly Bear. El extraño folk efervescente de la banda se sentía apagado desde las filas de detrás, pero a medida que nos acercamos acabamos bailando aquellos temas que nos acompañaban los días solos y grises camino a la oficina, sintiendo nuestra tristeza y melancolía un poco más comprendida. Yet Again, Ready, Able y Two Weeks, y esos coros extrañamente psicodélicos y adictivos sucedían estimulantes. De la misma manera canciones de su reciente Painted Ruins como Aquarian o Losing All Sense resultaban un viaje relajado y divertido. Tras el set de los de Brooklyn, era hora de partir para no morir en la agonía asfixiante de los Arctic Monkeys.

Empezaron estos con su nueva Four out of Five demostrando que seguían repartiendo buenas dosis de su sonido tradicional en su nuevo Tranquilty Base Hotel & Casino, para rápidamente explotar con Brianstorm y I Bet That You Look Good on the Dancefloor. Desde esta primera ecatombe, fue fácil percibir el lamentable sonido del escenario Mango, que llegaba poco más lejos de la mitad del escenario y no evitaba escuchar los chillidos y comentarios fuera de lugar de la masiva fiesta adolescente que había montada. Llegó la oscuridad con Don’t Sit Down Cause I Moved Your Chair, los bajos de Why’d You Only Call Me When You’re High? junto a dos clásicos inconfundibles de sus inicios, Do Me a Favor y 505. Volvieron unas cuantas veces al nuevo disco, sin demasiado entusiasmo por parte de sus fans. El sonido tranquilizador del Hotel & Casino no embriagó el escenario aunque lo intentaron con el tema titular, con One Point Perspective o Bathphone hacia el final, aunque a mi sí me conquistaron con su conducta mas oscura, heredera de Humbug, cuando la batería aporreaba el verso de She Looks Like Fun; además acompañada de imprescindibles como Cornerstone, Pretty Visitors y la infalible Crying Lighting, sin duda los momentos más reales y gloriosos de su directo. Sobraron temas de su épico y accesible AM que desplazó casi todo el resto de su discografía, aunque levantaron grandes ánimos con Arabella, Do I Wanna Know y un corrosivo y explosivo final con R U Mine?, con el que indiscutiblemente el Rock&Roll viaja por nuestras venas a la velocidad de la luz y nos obliga a volar por encima del resto de cabezas, siempre al infrenable ritmo de las baquetas de Matt Helders. Una despedida digna para una banda que se mantiene tanto vital como creativamente en forma, aunque cada vez más lejos de su pasada época ametralladora de ritmos.

El momento de reponer fuerzas no fue muy factible con A$AP Rocky, aunque duré lo suficiente en pie para ver su nuevo tema con Moby, Forever A$AP, la volada de L$D, y varios juegos de visuales y luces, junto al derroche de estilo de A$AP. Pero a mitad tuve que responder a las necesidades fisiológicas, por lo que me permití ver Beach House en la apreciada colina de la resurrección. Un festival de oscuridad, pequeñas estrellas proyectadas sobre los músicos, y un viaje interestelar y tranquilo a través de sus cuerdas, cuando Space Song nos hizo a todos alucinar.

Llegaba ya el final, Mujeres explotaban su garage rock nacional en un escenario que parecía en ese momento situado en la otra punta del mundo. Pero valía la pena situarse cerca de The Blaze y disfrutar el final de este enorme festival. DJ Coco, clásico de entre los clásicos, el encargado con bandera oficial del cierre de festival, anunció el final de esta semana con bases disco y electrónica palpitante, mezclando todo con canciones populares de grandes como The XX o Justice, para celebrar a salud de la música y la libertad con un enorme final gritando; todavía con emoción, felicidad, tristeza o lo que sea; YOU GOTTA FIGHT FOR YOUR RIGHT TO PARTY.

 

 

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