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Regresamos al Primavera Sound Festival y así nos recibieron sus primeras horas

El ansia se convierte en algo asfixiante al saber que algo grande está al caer, pero para alivio nuestro, la espera por fin acabó.  Entramos un año más al Primavera Sound Festival de Barcelona. Ayer miércoles 30 de mayo el Parc del Fòrum abrió sus puertas a todo aquél que quiera disfrutar de un día gratis de conciertos,  junto al ambiente marítimo de uno de los festivales más grandes de Europa. Pero desde principios  de este mes, el festival ofreció todo tipo de eventos gratuitos abiertos al público con la iniciativa de traer la música local e independiente a los barrios, clubs y espacios de Barcelona, para así fusionar cultura y sociedad en un utópico ente, comprendiendo lo contemporáneo y urbano. Fue la iniciativa Primavera a la Ciutat que empezó de esta manera, y se extendió hasta esta semana, el primer lunes, en el que las actuaciones gratuitas subieron un escalón para dar lugar a los eventos oficiales del festival.

Durante dos días, la Sala Apolo, el salón oficial para celebrar el pre y post festival, acogió un puñado de bandas destacables antes de abrir sus puertas por todo lo alto. El primer lunes la banda neoyorquina The Men comenzaron abriendo el apetito, presentando su nuevo álbum Drift, y jugueteando con sus influencias, desde líneas monótonas de bajo postpunk, el noise y tecleos tropicales, para gritar abiertamente que el rock es cambiante, volátil y nunca morirá. Si hubiesen tomado un festín de anfetaminas para desayunar, podríamos compararlos con los mismos Thee Oh Sees. En la otra sala tuvimos la suerte de ver otra promesa del soul y R&B, Kelsey Lu, quien no necesitó ayuda sobre el escenario, mezclando sus bases oscuras con una voz inocente y melosa.  Su último disco Church se grabó en directo en una iglesia, y sus versos rezan al dolor, la soledad y oscuridad, mezclado con un estilo sobrenatural y pop. No hay que perderla de vista.

El día siguiente nos sorprendieron los siempre histéricos ZA!. Solos caóticos de free jazz a golpe de batería, trompetas, gritos, rumba, y muchísima electrónica. Decenas de beats enérgicos de drum and keys sacudieron la Sala Apolo durante casi una hora. Es innegable que la energía que transmiten este dúo de Terrassa es cósmica y contagiosa, muy difícil resistirse al movimiento de caderas durante todo el espectáculo. Cerraron la noche los veteranos The Sea and Cake, con un nuevo disco bajo el brazo. Los de Chicago se presentaron con un indie descafeinado, con sonidos de folk y americana algo repetitivos. Pero no podemos echar nada en cara a una banda de los 90 que ya acumula 11 álbumes de estudio.

Finalmente el gran día llegó, pasamos las letras ondulantes que coronan la entrada: el PRIMAVERA SOUND ya es una realidad. Estrenaron el escenario Primavera bajo un sol radiante Holy Bouncer con un rock machacante de pinceladas psicodélicas. Energía y buen humor, camisetas y vinilos volando, y una maravillosa comodidad encima de los escenarios. Muchachos jóvenes y con ganas de romper las cuerdas de sus guitarras, son probablemente una de las nuevas promesas de nuestro panorama musical nacional. A estos les siguió el punk agresivo de Starcrawler, y el desenfreno grunge y epiléptico de su cantante. A ratos, con una actitud entre personalidades como Iggy Pop y Alice Cooper, dio el espectáculo ella sola mediante bailes, caretas desfiguradas y sangre a borbotones. Sin duda, nadie quedó indiferente tras ver ese destilado enérgico de rabia adolescente.

Poco después el Auditorio Rockdelux abrió sus puertas para presentar un espectáculo íntimo y apabullante. Spiritualized prepararon, junto a una orquesta de cuerdas y viento, y un coro de voces, un set lleno de clásicos, visuales espaciales de fondo, y estribillos inolvidables. Las luces estaban casi apagadas mientras la voz de Jason Pierce, el ex-Spacemen 3, entonaba sentado sobre un banquito y con su guitarra, melodías reconocibles como Ladies and Gentlemen we are Floating in Space, Shine a Light, Soul on Fire y I Think I’m in Love. El auditorio transformó ese viaje en una continua odisea de voces y cuerdas, ovaciones constantes tras cada canción y una reunión de músicos de lo más espectacular. Aunque fuese necesario conseguir un ticket adicional, todos los afortunados que conseguimos una butaca en el auditorio agradecimos haber vivido durante una hora y media un momento especial de tales dimensiones. Sin menospreciar a todos aquellos que, de mientras Spiritualized evocaba sus ritmos de ensoñación, se posicionaron en el Hidden Stage Heineken para rendir respeto y tributo al semi-Dios del trap español, Yung Beef, y su inclasificable espectáculo maquiavélico sobre, dentro y fuera de una jaula.

Tocaron las campanas finales cuando llegaron Belle and Sebastian para cerrar esta primera jornada gratuita con un concierto lleno de canciones nuevas y hits antiguos, fusionando todos juntos melodías, voces y cuerdas. Si intentas numerar cuantos miembros hay en el escenario tocando a la vez, pierdes la cuenta. Sus pop dulce se contagió hacia todas las filas, algunos se animaron a subirse al escenario a pesar de que su líder, Stuart Murdoch, insistió unas cuantas veces en que todo el mundo está invitado a subir e unirse a la fiesta con ellos. No faltaron hits como I’m a Cukoo, The Boy with the Arab Strap, Another Sunny Day, Poor Boy o la siempre efectiva Legal Man. Una despedida por todo lo alto para celebrar lo que es solo el preámbulo, la pequeña antesala de todo lo que está por acontecer. Se cierran puertas, la fiesta sigue de nuevo en la Sala Apolo para aquellos que hoy quieren trasnochar, pero el horno está ya a fuego vivo y la ciudad se encuentra en llamas.

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