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Viviendo el sueño americano: reseña a ‘For Ever’, el nuevo álbum de Jungle

Veredicto Joyride

8.1
La compleja mezcla de sentimientos y desnudez de 'For Ever' hace que sea un gran paso adelante para Jungle. Sin duda que la banda pudo haber dejado sus vidas privadas a un lado y convertirse en algo más cauteloso y memorístico, pero la honestidad palpable de las canciones es lo que las hace verdaderamente emotivas.
Producción 8.5
Lírica 7.5
Instrumentación 8.2

Fue en 2014 cuando conocimos a Jungle. Un proyecto, que inicialmente se sentía misterioso por la poca exposición mediática de sus líderes –Josh Lloyd-WatsonTom McFarland–, pero que genialmente supo conectar con todo el mundo gracias a su fuerte posicionamiento conceptual: los videos de sus primeros singles son dignos de un compilado en DVD y su mística multi instrumental en shows en directo, que es simplemente grandiosa. Personalmente, algo que me maravilló es la calidez que la banda mostraba, aún siendo oriundos de la lluviosa Londres.

El orgullo por la negritud (generalmente asociado a la cultura norteamericana), Adidas, el swag de una pequeña niña bailarina y el derroche de tonos dorados, inevitablemente me hizo pensar que su álbum debut era el soundtrack perfecto de una película donde Drew Barrymore caminara en shorts cortos a lo largo de la soleada Venice Beach.

Sin rodeos, el colectivo inglés giró por todo el mundo en estos cuatro años. Robaron charts respaldados por la prestigiosa XL Recordings, fueron nominados al Mercury Prize, el ácido Noel Gallagher los aplaudió, musicalizaron comerciales e incluso se colaron a la banda sonora de videojuegos… siempre relucientes y cargados de ese look cool de gafa oscura destinado al hype comercial, pero eso sí, bien cocinado y siempre atento al arte. En México, por ejemplo, tuvimos la oportunidad de verlos evolucionar en dos festivales y luego en un vibrante show en el Auditorio Blackberry (al cual regresan el próximo octubre). Vivieron el sueño de cualquier banda que apenas empieza a caminar y bien merecido lo tenían, pues su propuesta era brillante y extrañamente vanguardista, a pesar de estar cargada de mucho pop-funk setentero.

Este 2018, Jungle regresó con For Ever y la inspiración angelina también retornó, por supuesto. El dorado no se fue, incluso se hizo más brillante y glamouroso. Si antes nos sentíamos en traje de baño en Santa Monica, ahora nos apropiaremos del West Coast y por momentos nos enfundaremos en un impecable traje blanco de solapa ancha. Hollywood, baby. Smile es la perfecta canción para iniciar; toms bailables, puntadas de cuerdas y una letra de lo más optimista para que Jungle nos abra las puertas de su segundo álbum. El calor sureño inicia de inmediato con Heavy, California que encapsula el bohemio espíritu del sueño americano (They say Heaven’s waiting for ya / So I’m heading for California”) en un coro de lo más pegadizo.

Mientras que su primer álbum favorecía una estética oscura y mística, For Ever se torna por momentos en un asunto mucho más personal; por ejemplo, Beat 54 (All Good Now), combina la embriagadora alma del legendario nightclub de Nueva York y una clara influencia del Homework de Daft Punk, todo mezclado en un coctel con groove devastador que habla de un proceso de ruptura.

El punto álgido del disco continúa en Cherry (que personalmente es el track que más me gusta) y que también nos habla del final de una relación y de la necesidad de cambiar rumbos para poder crecer con la esperanza de encontrar a alguien más. Las secuencias son perfectas, los bajos meticulosos y Jungle nos demuestra que tienen perfectamente dominada la técnica de incrustar un puente cadencioso para después explotar de nuevo. Misma técnica aplicada en Happy Man, que tiene una letra sólida –de las mejores del disco– y que suena a un hit instantáneo a pesar de tener mucha similitud a Busy Earnin de su primer LP.

La experimental Casio rompe el esquema y nos deja escuchar a una banda que busca, sin mucho atrevimiento, salir de su zona de confort: por primera vez escuchamos una voz aguda y no los tonos vocales que se han convertido en la marca registrada del grupo. Eso sí, los bajos son altamente sensuales y la participación  protagónica de Rudi Salmon crea una nueva experiencia de escuchar a Jungle. El disco-soul de finales de los setenta regresa y es inevitable pensar en la influencia que Electric Light Orchestra pudo haber tenido en el proceso creativo. La experiencia nocturna de Los Angeles se vive en Mama Oh No, que inicia lúgubre y cobra brillo gracias a reverbs geniales y guitarras filosas.

Durante el proceso de grabación Jungle se mudó a Los Angeles y en la creación de For Ever, tanto McFarland como Lloyd-Watson vivieron rompimientos. Estos conflictos parecen nutrir a las canciones más que en anteriores ocasiones, ya que el funk relajado y deslumbrado por el sol oculta sentimientos de angustia y pérdida. La banda trabajó en Hollywood, pero las sesiones de grabación fracasaron y coincidieron con problemas de relación; todo ello se siente en House in L.A. Líricamente hierve a fuego lento con desesperación y arrepentimiento. Los ritmos azucarados están listas para la pista de baile, pero los característicos falsetes cantan acerca de parejas distantes, sueños estrellados y una lucha constante por encontrar refugio contra el dolor emocional.

La delicadeza sonora no queda de lado y en Give Over el sampleo de cuerdas resulta muy placentero en otra canción que habla de Cali y de la separación. Un raro, y probablemente fallido experimento en Cosurmyne nos dirige al final del disco, donde Pray se lleva las palmas por ser un espiral donde se demuestra la ampliación de la paleta sonora de la banda.

Estos momentos definen el tono del álbum y marcan un progreso increíble para la banda. Probablemente la exigencia corre en en los tracks de relleno, y las canciones menos inspiradas como Casio y Cosurmyne, que podrían haber sido olvidadas para agudizar el impacto del material y mantener lo directo de las emociones que expresan. Aún así, la compleja mezcla de sentimientos y desnudez de For Ever hace que sea un gran paso adelante para Jungle. Sin duda que la banda pudo haber dejado sus vidas privadas a un lado y convertirse en algo más cauteloso y memorístico, pero la honestidad palpable de las canciones es lo que las hace verdaderamente emotivas.

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