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Tres días bajo el embrujo del Primavera Sound Festival

Primavera, sol y el mar mediterráneo. Qué mágico es el momento en el que cruzas las puertas de un festival, con la sonrisa ancha y hasta arriba de energía, sobre todo si se trata del Primavera Sound Festival, estás en Barcelona, rodeado por un ambiente entre lo carismático, divertido y extraño. Y además, estarán Bon Iver, The XX y Arcade Fire encabezando las tres jornadas. Medito bien sobre la intensidad de estos días, me atiborro de líquidos variopintos, y me dispongo a cruzar el arco de la euforia. Esto es lo que ocurrió durante los días 1, 2 y 3 de junio:

La primera impresión del festival fue impactante. El megarecinto del Parc Del Fòrum tiene 12 escenarios repartidos de una punta a otra, así que descubrimos el escenario principal Heineken en uno de los extremos dónde Kevin Morby ya estaba calentado al público desde primeras horas de la tarde. El antiguo bajista de Woods presentó su tercer disco en solitario creando un clima atmosférico y nostálgico gracias a a la suavidad de sus guitarra y una voz cálida con ecos a Leonard Cohen.

Su aparición fue breve, así que me desplacé hacia otro lugar, dónde estará una de las jóvenes promesa de este año, Alexandra Savior, producida por Alex Turner. Su primer y reciente álbum Belladonna of Sadness, un trabajo que transmite melancolía, oscuridad y misticismo pero que en directo quedó corto, algo vago y sin carisma. Sin problema, abandonamos la poca intensidad de ese concierto para entrar en el Auditori Rockdelux, un espacio situado frente al recinto dónde estaba Elza Soares, la auténtica reina brasileña de la samba y la bossa nova, quien a sus 79 años proyectó desde lo alto de un trono su impresionante voz, emocionando al auditorio entero que no pudo resistir las ganas de bailar. Lamentablemente solo vimos su parte final, pero poco después entró otro grupo de leyendas: The Zombies, presentando el 50 aniversario de Odessey and Oracleel disco que los llevó a a la fama, el cual tocaron en absoluto orden e integridad. Aunque el directo perdió su tono beat y su peculiar sonido de los sesenta, fue divertido ver a la banda regresar después de tantas décadas, aunque el tiempo pasa inevitablemente y los zombies acaban haciendo honor a su título. Relajados después de pasar más de una hora sentados en el auditorio, regresamos a las masas y nos situamos pocos minutos antes de que Bon Iver hiciera aparición.

Hay algo mágico, incluso religioso, cuando Bon Iver despega sus labios y su voz se desvanece por los altavoces e inunda los sentidos del público. 22 (Over Soon) abre el concierto e inmediatamente el coro de gente se alza. Su nuevo disco 22, a million sonó al completo demostrando que es un trabajo para apreciar en vivo y erizar todo el vello de tu cuerpo. La voz distorsionada y demostrando una capacidad de registros, desde los agudos más chirriantes y volátiles hasta unos graves densos y con presencia; levantaron un aura especial y una conexión con el público increíble. Después de escuchar sus nuevos temas, Bon Iver regresó a la nostalgia y el tono romántico con canciones como Perth, Holoscene y Minessota, WI para finalmente, explotar con el gran final: el encore que todo el mundo esperaba. Prescindiendo de su banda, quedó él solo armado con una guitarra y su voz, cerrando apoteósicamente la hora y media de concierto con la infalible Skinny Love, frente a un público tremendamente emocionado. Lo único triste de ese momento, quizás, fue perderse a Badbadnotgood quienes tocaban en otro escenario a la misma hora.

Demasiado extasiado como para elegir entre el hip-hop agresivo de Death Grips o el baño de sangre que invocaba Slayer, decidí relajarme y comer algo, para regresar lleno de energía y romper el escenario cuando Black Angels diesen la entrada, así que llene el estómago, agarré otra cerveza fría y me coloqué en las primeras filas para recibir a los de Texas. Su llegada la anunció The Black Angels Death Song de The Velvet Underground, para dar comienzo al banquete psicodélico. Abrieron con la bomba Currency de su nuevo trabajo Death Song con un espectáculo de visuales y luces impresionante y una energía tremenda, presentando nuevas canciones así como reviviendo viejos temas: Bad Vibrations, Black Grease o Young Men Dead.

La psicodelia no cesó cuando los ángeles se retiraron, poco minutos después salieron King Gizzard & the Lizard Wizard, con quienes la fiesta y el desfase están asegurados, abriendo el espectáculo con Rattlesnake de su nuevo álbum ‘Flying Microtonal Bananna’ y su nueva pesadilla esquizofrénica llamada ‘Murder of the Universe’; así como su impresionante combo de ‘Nonagon Infinity’ formado por Robot Stop, Gamma Knife, People-Vultures… La fórmula de los australianos es efectiva, no falla y aquel que logra sobrevivir a esa hora puede afirmar que es intenso. Prácticamente hundido, decidí aguantar un poco más para ver otro de los artistas que no podía perderme: Tycho.

Conseguí un hueco en las gradas, con el que podía escuchar la mágica mezcla de ambient que Tycho estaba creando desde su escenario  con la ayuda de sus músicos y unos hipnóticos y coloridos visuales, la mayoría de la mano del genio y diseñador gráfico Leif Podhajsky, creador también de sus portadas de disco minimalistas, así como las carátulas de Tame Impala, Bonobo, Foals, The Horros o Of Monsters and Men. El concierto, sin duda, una demostración épica del dominio de la música como lenguaje y fabricante de planos atmosféricos y  ambientes. Tycho logra que ascendamos a un nivel superior gracias a su música, dándole prácticamente un formato visible y táctil, de manera mágica.

La intensidad de estos días no se desvaneció ni un poco cuando dio comienzo la segunda jornada: el día en el que casi toca Frank Ocean, quien fue sustituido por Jaime XX y que al menos dio para los asistentes se echasen unas risas, como una camiseta que vi rezando PRANK OCEAN.

Reinicio el ciclo y vuelvo a cruzar la entrada, esta vez para adentrarme en una de las rarezas más locas y enfermas del festival. El auditorio completamente oscuro y en puro silencio, tres individuos encapuchados están en el suelo, recitando algún oscuro mantra tibetano mediante profundos e infinitos guturales, mezclados entre pedales y distorsiones para aumentar la vibración y el oscurantismo. Son los rusos Phurpa dejando locos a los asistentes. ¿Es música esto? ¿Cuantas horas puede aguantar uno rugiendo tonos graves y parando algunos segundos para respirar? Desde luego, la breve experiencia valió la pena. No tenía ni idea de lo que acababa de pasar, pero el ritual tántrico de voces era algo obligatorio de experimentar. Una vez salimos de la extraña atmósfera, recuperamos el espíritu festivalero porque Mogwai estaban ofreciendo un espectáculo secreto de mano del Unexpected Primavera, una serie de misteriosos interrogantes que iban desvelando a diario la aparición de un grupo sorpresa: un segundo show de Arcade Fire, Mogwai y HAIM respectivamente.

Marché un poco antes del final, ya que The Growlers estaban apunto de aparecer. Esta vez, tocaron más relajados que mi anterior experiencia con ellos, dejando espacios instrumentales de primera categoría y tocando sus nuevas canciones, recuperando algunos hits de su anterior trabajo discográfico así como la infalible One Million Lovers para cerrar con I’ll be Around. Sin  apenas aire en los pulmones, voy corriendo al escenario de enfrente para encontrar un hueco en el que escuchar bien a Mac Demarco, a punto de dar comienzo.

Y desde esa perspectiva, nos encontramos frente uno de los directos más locos del festival. Con su batería completamente desnudo, Mac Demarco recibe con entusiasmo y humor a todo el público que no ha querido perderse la cita. No faltó absolutamente nada: Salad Days abre el espectáculo y todos enloquecen, escuchamos las nuevas canciones de This Old Dog así como las obligatorias Ode to Viceroy, Cooking Up Something Good, Freaking Out the Neighborhood, My Kind of Woman… algunos fanáticos subieron al escenario y Mac Demarco les invita a tocar con ellos, y al final acaban haciendo crowsurfing de un lado hacia el otro mientras los miembros de la banda bromean y ríen. El concierto sigue in crescendo, cuando Demarco se quema los pelos del sobaco, los del culo, se quita la ropa y baila encima de los altavoces mientras los músicos comienzan una jam interminable. El desfase acaba y el bueno de Mac nos dice que hoy no se va a dormir y que estará haciendo de las suyas en el festival durante toda la noche. No lo encontré, pero en mi cabeza sigue su presencia grabada a fuego.

Intento, de nuevo, tomar aire, pero al otro lado ya se nota la presencia de The XX. Por desgracia estaba un poco lejos y el parloteo de algunos asistentes me dejó fuera de la atmósfera que se creó cuando Jaime, Romie y Oliver entraron, empezando con potencia: Say Something Loving, Crystalized, Islands, I Dare You… poco a poco encontré mi sitio y por fin, el feedback de la banda con el grupo me invadió a mi también. La conexión que existía en esa momento era imposible de romper y a medida que los minutos pasaban la intensidad se multiplicaba. No eché de menos nada (quizás únicamente me faltó que tocasen Stars) y cumplieron con su cometido. Hacia el final, Loud Places anunciaba el cierre aunque la verdadera fiesta ya estaba cociéndose. Para el auténtico final, ser reservaron On Hold, Intro y Angels, tres temas explosivos con el que todo el festival salió con los pelos de punta.

Sin poder desvanecer la euforia, Run the Jewels comienzan su espectáculo. Hip-Hop, beats eléctricos y toda una fiesta por delante, aunque el show se vio interrumpido por un fallo técnico, justamente en uno de los momentos más álgidos del concierto. A los 10 minutos, volvieron al ataque y continuaron haciendo bailar a todos aquellos que buscaban el desfase y quemar zapatillas. Al otro lado de nuevo, tenemos a Jaime XX, quien también nos hizo mover el culo con su infalible y refrescante fórmula. Me fui a medio concierto, la curiosidad por Jaime quedó aplastada por la locura que estaba a punto de dar comienzo. Flying Lotus estaba al otro lado del recinto tras una fina pantalla, con unos visuales extremos de geometría y animaciones, mientras su set daba comienzo y contagiaba ese extraño misticismo experimental, con momentos de electrónica y jazz (estamos hablando del sobrino nieto de Alice Coltraine), algunos paréntesis en los que el productor aprovechaba para rapear, y demostrar su polifacético dominio de la música. Con el cerebro frito y el cuerpo como un escombro, me retiro para meditar y reponer fuerzas, pues el último día todavía está por empezar.

Repito procedimiento. Llego de nuevo, es el último y están Pond finalizando un concierto muy breve aunque intenso, con sus últimos temas Paint Me Silver y The Weather, de su nuevo largo The Weather. Da comienzo la leyenda Van Morrison con un concierto que respira jazz clásico y en el que su voz juguetea con la de sus coristas y los instrumentos de viento se posicionan sobre el sonido con fuerza. Al final, Van Morrison nos hace bailar a todos con Brown Eyed Girl y un divertidísimo cover de Gloria. La calma se transforma en tormenta cuando las teclas y el bajo de Metronomy comienza a sonar. Uno de los conciertos que más animaron y levantaron el ya pesado cuerpo de todo el público.Tras un paseo por el sonido de su nuevo trabajo Summer 08, llega la auténtica subida y triunfo de Love Letters y la emoción ya es irrefrenable. Sudando y saltando, logramos finalizar vivos cuando tocaron Everything Goes My Way, The Look y Reservoir.

Parecía completamente imposible, pero la fiesta seguía y continuábamos sin parar de bailar, ya que la intrépida y carismática Grace Jones se subía al escenario con un body painting espectacular y un repertorio de máscaras, bailes y diferentes piruetas que nos dejaron alucinados a todos, sin hablar del rítmico soul, dance y funk que desprendían su voz y la banda que le acompaña. Sin lugar a dudas, la veterana (69 años) sigue llena de energía y despertando el entusiasmo de todos los que nos acercamos a escuchar.

Poco después, por fin, tenemos a los esperados  cabeza de cartel Arcade Fire y no cabe ni una hormiga más entre el público frente el escenario. Ver a un grupo de tal magnitud y con semejante cantidad de fans sin guardar un sitio horas antes resulta complicado, por lo que la vista que tuve en ese concierto fue lejos de lo privilegiado. Aun así, se escuchó notablemente y resultó imposible contener la emoción cuando abrieron el concierto con Wake Up, así como la oportunidad de escuchar en vivo la rareza de Neon Bible fue suficiente, los canadienses llevaban 9 años sin interpretar esa canción en directo. Nadie quedó indiferente cuando explotaron canciones como No Cars Go, The Suburbs, Ready To Start, Reflektor y Rebellion (Lies), aunque conservo un recuerdo maravilloso de hace seis años de unos Arcade Fire más entregados a la emoción y al público.

Guardo las pocas fuerzas que me quedan para los últimas horas antes de que suenen las últimas campanadas. Intento desplazarme hacia la zona de electrónica de Bacardí Live, en los que unos tipos llamados Weval están repartiendo bailes. La cola hacia esa zona es inmensa y no avanza, así que abandono la idea y me meto de cabeza al rock del dúo que forma Japandroids y sacudir la melena un rato. Poco después da comienzo la fiesta que siempre traen !!! (Chk,Chk,CHk) preparada, demostrándonos que Nic Offer es un huracán de energía con el mejor meneo de caderas que un hombre en calzoncillos podría jamás ofrecer, conservando el estilo y la presencia sobre el escenario. Poco menos de una hora para bailar temas como One Boy/One Girl y la infalible Slyd.

Como es habitual, DJ Coco cierra el festival con un setlist explosivo de canciones populares que mantuvieron a todos los que aguantamos hasta el final con unas insaciables ganas de bailar y continuar viviendo conciertos eternamente. Pero cuando el escenario se llena de gente, los confeti explotan y las luces enloquecen, es una señal de que el éxtasis ha finalizado y segundos después estaremos todos desplazándonos a nuestros respectivos hogares, con el ansia en los huesos por no querer que esto acabe nunca.

Tres días bajo el embrujo de uno de los festivales más grandes de Europa fueron suficientes para decidirme a volver de manera indefinida a lo largo del futuro si es posible. De momento, toca recrearse en el recuerdo y recuperar la energía.

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