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Primavera Sound

The New Normal triunfó: así vivimos el Primavera Sound 2019

Un año más, nos vamos hasta el Parc del Fòrum, en la costa barcelonesa, para disfrutar de uno de los festivales de mayor magnitud en toda Europa. Este año, además, ha sido el más controvertido de toda la historia en estas ya cumplidas 19 ediciones, con un nuevo lema por bandera: The New Normal. Una idea que conlleva una nueva organización, un cambio en el cartel considerable y que ha llegado lleno de polémica, con un número inmenso de detractores entre su público más purista y adepto; pero también ha atraído caras nuevas, más jóvenes, y un nuevo sabor a la extraña mezcla de especias que se combinan este año: menos rock y guitarras, más electrónica, reggaeton, R&B, dance y pop.

La idea de la nueva normalidad trae un mensaje claro y potente, el de romper barreras. La primera, y más evidente, ha sido la barrera de género, ya que este año el número de artistas femeninas ha superado el 50%, un resultado histórico que marca el fin del mito patriarcal de que un festival de calidad lo sujetan señores con guitarras. Y estas últimas se han reducido, a favor de una nueva disposición de géneros marginados por esta clase de festivales, dejando entrar la música urbana y dándole, no solo un lugar en ciertos escenarios específicos (este año sumaban hasta 17 espacios diferentes), sino el importante peso de los escenarios principales: Pull & Bear y Seat.

No es de extrañar que tras semejantes cambios, la furia de los old school del festival se desatara y aparecieran los trolls, armados con su ratón y teclado, para desatar su cólera en numerosos comentarios, derramando bilis en la redes sociales y tratando de boicotear esta nueva edición. Sorprendentemente, el festival llegó a batir un récord histórico en la noche del sábado, y sin duda alguna, consiguió los objetivos que buscaba sin el menor rastro de “estafa” del que era acusado. Sin duda, una jugada difícil. Lo apostaron todo a un número, pero parece que ha resultado ser el premiado. El resultado se ha traducido en dos nuevas ediciones para 2020: Primavera Sound Benidorm y Primavera Sound LA, que se suman a las ya celebradas hasta ahora en Barcelona y Oporto.

The New Normal ha regalado a todos los rockeros e indies del país la oportunidad de ver a artistas consagrados de la música más comercial, que quizás fuera de esas instalaciones, nunca se habrían decidido a ver. Además, al tener todo repartido en ese inmenso número de espacios, y trabajar los escenarios y horarios entre tantos géneros, se logró que en muchos conciertos se pudiera respirar por fin a gusto. Porque en la misma hora punta, todos los asistentes pudieron dividirse entre Interpol o Guided by Voices, los más urbanos, a su vez, se repartieron entre NAS y 070 Shake, o viajaron hasta la zona Bits para bailar con Objekt y Princess Nokia.

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Jueves

Desde aquí no queríamos ser menos. Llegamos al festival dejando todos los prejuicios en casa para disfrutar de uno de nuestros eventos favoritos del año, esperando las sorpresas que aguardaban. Así que esta vez empezamos por atrás… Nos adentramos a primeras horas del medio día a la zona Primavera Bits, reservada normalmente a la noche, ya que es donde ocurre toda la magia de la electrónica y el baile. Una paella deliciosa en el Chriniguito Aperol, unos Spritz fríos y los DJs Shakti Alliance dándonos la bienvenida, fue el mejor calentamiento.

Nos acercamos al escenario Primavera, el más familiar para el público, dónde nos esperaba Alice Phoebe Lou con un pop/folk meloso, aparentemente tranquilo y relajado pero que llegaba con fuerza hasta las últimas filas en los momentos de mayor intensidad gracias a la potencia de su voz y el carisma que rebosaba en el escenario, con una completa banda de viento y cuerda acompañándola. La gente disfrutaba su cerveza y aguardaba con tranquilidad.

La calma finalizó cuando nos fuimos hasta el pequeño escenario Adidas Originals para ser testigos del punk que escupían Dream Wife, el extraño proyecto que salió de una broma cinematográfica entre amigas, al estilo de This is Spinal Tap, y que ha acabado convirtiéndose en una potente banda de Riot Girls enfurecida y eléctrica, con rasgueos propios de los Sonic Youth y una actitud en el escenario rebelde y cómica. Un terremoto exquisito para no olvidarnos de que todavía tenemos rock duro y fresco, como en todas las ediciones.

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Desde ahí fuimos al reencuentro de Mac Demarco, quien ya estuvo en la pasada edición de 2017 y que regresa para presentarnos su nuevo largo Here Comes The Cowboy. Esta vez con el sol de media tarde, abrió relajadamente con On The Level, seguido de Salad Days, para fácilmente llamar la atención de todos sus asistentes. Un vez atrapados en el embrujo de Demarco, el resto del concierto continuó con un batiburrillo de nuevos temas y viejos hits, entre los que escuchamos Nobody, Little Dogs March o K saltando de manera intercalada con The Stars Keep on Calling my Name, Cooking Up Something Good, Ode to Viceroy… En general funcionaron mejor sus viejos hits que no las nuevas baladas, y probablemente habría sido mejor idea dejar su setlist en una línea ascendente, las subidas y bajadas de intensidad por momentos, eran poco climáticas. Pero no podemos negar que la diversión es parte del loco espectáculo de Demarco y su banda. Así, nos animamos con la nueva locura funky, Choo Choo, nos emocionamos con la preciosa All of Our Yesterdays y saltamos con Freakin Out the Neighborhood. Los más fanáticos, además, tuvimos premio cuando nos dedicó su antigua y ya casi olvidada Rock and Roll Night Club, enlazando hasta un final épico y alargado instrumentalmente hasta la saciedad con la rareza The Cattleman’s Prayer, My Kind of Woman, y como suele ser habitual, el cierre ya nocturno y esplendoroso de Chamber of Reflection. Una vez más, Mac Demarco dejó a Barcelona boquiabierta y regresó a casa victorioso, tras su cuarta asistencia en el festival.

En el escenario Pull & Bear de enfrente ya rasgaba Courtney Barnett los primeros acordes de Avant Gardener, así que acelerados y cerveza en mano, llegamos justo a tiempo para ver la nueva prodigio de las seis cuerdas interpretar City Looks Pretty. Por desgracia nuestra no nos acompañaba un público muy animado, aunque no por ello nos contuvimos a la hora de corear I’m Not Your Mother, I’m Not Your Bitch, Depreston y Operator Elevator. Courtney ascendía como la espuma y se sentía libre y suelta, ni rastro de su apariencia introvertida y ansiosa que demuestran las intranquilas y potentes letras. Nuestra storyteller favorita de los años 10 dio un excelente repaso a sus dos largos Tell Me How You Really Feel y Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit, presentando también su nuevo tema Everybody Here Hates You como pura dinamita representativa de una sociedad contemporánea deprimida, ansiosa y paranoica. La joven artista demostró merecerse el trono en el escenario grande, ya casi abarrotado de curiosos, hasta la explosión final con la elegida Pedestrian at Best. Sin duda uno de los directos más enérgicos de esta edición, grabado a fuego para siempre en nuestra retina.

Tras estos dos directos de nada menos que hora y media, llegaron Interpol con un set más ajustado, extraño en este caso para un headliner. La banda de Paul Banks repartió oscuridad post punk con una mezcla nostálgica de indie de los 2000, presentando casi en su totalidad sus dos trabajos más aclamados Antics y Turn On The Bright Lights. Zapatillas gastadas y lágrimas de adolescente cantando C’mere, PDA y Say Hello to the Angels, y emociones nada contenidas cuando empezó a puntear la dedicada a Rosemary, Evil. Hacia la segunda mitad, el sonido de Interpol empieza a parecer ya algo repetitivo, familiar y deja de sorprender; pero continúa brillando en pequeños momentos cuando nuestros hits de antro alternativo flotan y se desintegran en millones de partículas junto a nuestras voces ya tempranamente afónicas: Rest My Chemistry y Slow Hands, como indiscutibles triunfos. Anunciaron ya su final y estallaron la pista con Obstacle 1. Pero pareció que a los de New York les quedaban unos pocos minutos más, así que decidieron cerrar el concierto con Roland. Una decisión poco acertada tras la energía desatada que despidió al público con un sabor algo amargo. ¿Y porqué dejan The Heinrich Manuever en el olvido? me pregunto.

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Pasada la medianoche era la hora del baile, de la energía y el movimiento. Dejamos a Erykah Badu en el otro lado, para acudir a Dirty Projectors. Teniendo en cuenta que estos últimos daban dos directos en el festival y el último ocurriría en el Auditorio, esperábamos escuchar la vertiente más bailarina y animada de este polifacético grupo. Aunque en directo destilan todo un “erotismo indie”, no llegaron a superar expectativas y quedaron ante el calificativo de “entretenidos”, aunque no por ello dejamos de disfrutar Break-Thru, Cool Your Heart o una divertida versión de Four Five Seconds de Rihanna.

Pero la fiesta, si la llamas, llega en algún momento, y estaba garantizada este día con la presencia en el festival de Charli XCX. La joven cantante de pop se plantó en el escenario Primavera para demostrar que, aunque lo suyo suene a hit refrito, no es una artista comercial al uso. Con mucho que demostrar, comenzó el espectáculo con Track 10, seguido de Blame It on Your Love, con su única presencia y figura tomando el protagonismo sobre el escenario, armada con un equipo técnico de luces impresionante y una energía desmadrada a la hora de saltar y bailar. El contagio se extendía a todas la filas con la llegada de I Love It, versión eléctrica y contagiosa del tema de Icona Pop. La diversión ya no tenía freno. Siguieron algunos temas no desacertados pero tampoco muy conocidos como Lucky, Vroom Vroom o Focus y en esos momentos, echamos de menos sus mejores hits. Pero llegó también una versión tropical de Wannabe de las Spice Girls, Spicy, y tocamos de nuevo el cielo con Boys, seguido de la llegada de Christine and the Queens al escenario para interpretar, juntas, Gone. El final llegó con Girls Night Out y la épica 1999. The nuevo, una apuesta clara de Primavera Sound hacia los sonidos de dance y pop, un acierto absoluto.

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Lástima que tras la calentura, el espectáculo de FKA Twigs resultase algo tedioso y aburrido. La música, espectacularmente producida, no llegaba a atrapar del todo si te habías quedado en las filas de atrás. Su voz, aunque preciosa e hipnótica, no terminaba por envolverte ni desgarrarte. La puesta en escena, con bailarines enmascarados emulando figuras y formas como en un teatro tedioso y aburrido de un garaje berlinés, no cumplió mis expectativas imaginarias. De una artista del audiovisual como FKA Twigs esperaba bombas visuales, figuras geométricas, electricidad y colores, pero todo quedó en algo sensiblón y tierno, quizás bonito o entrañable. Nada memorable sucedió.

Terminamos la jornada desplazándonos a la zona Bits para ver la epidemia británica formada sobre la arena de la playa en el escenario Lotus, para ver a Maribou State, algo apagados teniendo en cuenta que rozábamos las 4am, así que dimos las buenas noches y una sincera reverencia a esta primera jornada.

Viernes.

Nos esperaba, sin duda, otro día potente. En el escenario principal nos encontramos con Kurt Vile (no, no hubo cameo de Courtney lamentablemente) acelerando la tarde con su folk psicodélico, presentando algunos temas del nuevo Bottle in It y dejando su guitarra fluir con otros viejos temas como Girl Called Alex, Jesus Fever, Waking in a Pretty Day y una de las grandes favoritas, Pretty Pimpin. Kurt es sin duda uno de esos músicos que necesitan su espacio en una sala para demostrar al completo su talento, y su destreza queda eclipsada por la poca intimidad de un festival tan grande, rebajado al simple placer de la observación silenciosa y la compañía cervecera.

Nos acercamos a descubrir la ferviente energía de los Derby Motoreta’s Burrito Cachimba, extraños como su mismo nombre indica; locos, artistas y místicos como su propia sangre andaluza. Su presentación fue exquisita, ante un público mayoritariamente español, tocando con destreza, mostrando ecos a los propios The Who o The Doors, a la vez que a Triana o Camarón. Una mezcla de rock psicodélico y espíritu flamenco consagrando el nuevo rock sureño español como una realidad, un género en sí mismo y en ascenso, que abarca también a otros compañeros y vecinos como Pony Bravo, Fiera o Quentin Gas y los Zíngaros. No hay que perderles de vista.

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Regresamos al escenario grande de Pull & Bear para encontrarnos a una de las mayores sorpresas de esta edición: Janelle Monae. Su espectáculo fue explosivo, lleno de bailes y coreografías, pero fue la simpática actitud de la estrella la que dejo al público enteramente alucinado. Era imposible levantar la vista del tremendo espectáculo del que fuimos testigos. Una hora y media de hip hop y dance fusionado, el New Normal ascendiendo a nivel religiosos. Sin poder negar la calidad de su último álbum Dirty Computer, Janelle dio un buen repaso a sus trabajados hits para hacerles cobrar vida en un vibrante directo dónde no faltaron Crazy, Classic, Life, Django Jane, Screwed… Ni tampoco quedaron viejos temas como Electric Lady o QUEEN. Janelle supo coronarse como reina del pop sin ningún tipo de pretensión o soberbia sino fluyendo con naturalidad a su propio estilo, su flow, y hacernos bailar a todos como si fuese la primera vez que acudimos a un concierto multitudinario. El espectáculo se desenvolvía con performances, luces y muchos bailes, y sin disimular emoción alguna, estábamos ya todos rompiendo la pista cuando empezó a cantar Make Me Feel, seguida de I Got the Juice, subiendo a algunos afortunados a la pista a bailar con la reina, demostrando que dentro de ellos hay un jugo, que exprimido, da sabor a toda celebración. Sin duda un espectáculo divertidísimo y rompedor que tampoco olvidaremos.

Con el subidón hasta las orejas, ya no había quien parase la fiesta, así que nos abrochamos fuerte las zapatillas y nos acercamos al escenario de enfrente, pues ahí estaba Miley Cyrus, ya lista para su espectáculo, reventando el escenario con Nothing Breaks Like a Heart, su nuevo tema con Mark Ronson. Nos acercamos a la marabunta de fanáticos para escuchar a la otra súper estrella pop de la noche, otro de los nombres más polémicos del festival. Pero Miley no quedó atrás, ni se dejó intimidar por los “primaverers”, y demostró una actitud seria y cercana con su público, presentando una buena pila de temas de su recién estrenado SHE IS COMING. Y sin duda alguna, nosotros celebramos el estreno a lo grande con ella, bailando y divirtiéndonos en esa noche que parecía no tener final. Desgraciadamente, el concierto resultó cortísimo, al cabo de poco ya sonaba Malibou y el clímax llegó a su mayor punto con la versión de Jolene que Miley guardó para el último acto, seguida de Party in the USA, y despidiéndose con la épica y archiconocida Wrecking Ball. No nos los creíamos pero Miley ya estaba camino a casa y todos nosotros, por sorpresa, muy satisfechos.

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Arriba las lágrimas, recuperemos el aliento e hidratémonos, porque el espectáculo de Kevin Parker y su tribu estaba a puntito de comenzar. Como un rayo directo de luz, los de Australia comenzaron su set con Let it Happen y desde el primer segundo, gracias al intenso sonido y el juego de luces y visuales en las pantallas, todo el mundo estaba entregando lo mejor de sí mismos. Tame Impala empezaron fuerte a repartir su psicodelia adictiva, y continuaron con su nueva -y olvidable- canción Patience, para volver a arrancar motores y mentes inquietas con The Moment. Nuestra visita al Mad Cool el año pasado nos regaló un gran directo, por ello me asustaba y decepcionaba, en parte, encontrarme con un set casi calcado al de los últimos cinco años con la presencia siempre aplastante de Currents. Pero rápidamente, ese sentimiento agrio de decepción desapareció. Pero no fue cuando recuperaron la también repetida Mind Mischief, sino a partir de los primeros golpes duros de bajo y batería en Elephant. Una versión mucho más electrónica, violenta, que nos sacudió los tímpanos y nos hizo flotar hacia otra dimensión gracias a que la parte instrumental se alargaba, sin fin. De nuevo, Tame Impala descubrieron la manera de sorprendernos con versiones extendidas y jamás escuchadas, convirtiendo los pocos clásicos de Lonerism en momentos de expansivo esplendor. Una vez llegada la euforia, pudieron continuar con Love/Paranoia, The Less I Know The Better o Yes I’m Changing mientras nos perdíamos en una nube de visuales y sonidos alucinógenos. Rescataron después, el único título de su primer álbum Innerspeaker, Why Won’t You Make Up Your Mind?, también escuchado en anteriores directos. Sabíamos que llegaba el final porque la emoción de los coros de Eventually es imposible de contener, consiguiendo que cientos de asistentes se fusionaran en un sola voz. Pero dejaron también para la memoria una buena interpretación de su nueva Borderline para cerrar con uno de los temas más brillantes de su carrera, Apocalypse Dreams. Tras su despedida queríamos más, la experiencia ya había trascendido y estábamos locos por seguir disfrutando del concierto. Quedaba el esperado bis, así que el escenario se llenó de alegría y colores gracias a Feels Like We Only Go Backwards, un tema que bien seguro es amado por todos los fanáticos y no tan fanáticos de la banda. Para cerrar y como es usual, eligieron New Person, Same Old Mistakes, una canción no tan dulce ni redonda, algo desacertada para el final, en mi opinión.

Quedaba energía de sobra, sabíamos que el día de hoy iba a ser intenso. Así que nos acercamos al escenario primavera para bailar al ritmo frenético de Jungle, que empezaron fuerte desde el principio haciendo arder el escenario con Heavy, California, Busy Earnin y la épica Happy Man. Debido al agobiante aforo del escenario, no nos quedó alternativa que alejarnos hacia la alta colina de césped para disfrutar con menos sonido y mucho más espacio para los saltos y movimientos. La mezcla de pop y funky se rebajó para dar lugar a ese soul electrónico más relajado, pero no por ello menos adictivo, con canciones épicas como Beat 54, Casio o la maravillosa Time para cerrar otro set lleno de baile y animación. De allí nos fuimos al cercano escenario Ray-Ban para, de nuevo, mover el culo y sudar gracias a Mura Musa y sus sorprendentes capacidades como multi-instrumentista, ofreciendo a todo el mundo baile, calor y éxtasis. La presencia de su cantante y artista Bonzai dio el gran toque de gracia, en un concierto de electrónica inclasificable, en el que la experimentación da lugar a una de las diversiones más confusas y extrañas que hasta ahora hayamos vivido.

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El resto de la noche (y hasta la hora del amanecer) estuvo orquestado por una de las representantes del techno acid más queridas en España, Helena Hauff, y salpicado de beats berlineses hasta el cierre con Peggy Gou. Otro aplauso a toda la música urbana que nos acompañó esa noche, al pop y la electrónica y el rock de siempre. Nos vamos felices, con el sol saliendo y nuestras gafas oscuras, esperando ansiosios -pero ya con algo de pena- el final del Primavera Sound.

Sábado

La idea para las primeras horas en la última jornada era volver al rock y ver algo como Shellac, DTQS o Frank Carter and the Rattlesnakes. Pero nos topamos con Nathy Peluso en el escenario grande y por curiosidad, nos acercamos a descubrir su, a veces malhablada calidad de directo. Personalmente, temas como Hot Butter de Nathy habían aparecido en mi lista de reproducción como pequeños diamantes en bruto, por lo que tenía todo mi voto de confianza. Y la joven cantante no defraudo a nadie: a veces con hip hop al estilo más rabioso, como la misma Mala Rodríguez, a veces potente y tenebrosa, como Amy Winehouse. Nathy Peluso voló sobre muchísimos géneros apoyada con una banda también joven y fresca, que regaló momentos de alegría, rabia y emoción, estallando con bombas atómicas del nivel de La Sandunguera, Nathikilla o Corashe. La música latina este año, con una presencia tremenda en el cartel, se ha pronunciado con fuerza y ganado a pulso su lugar en los mejores escenarios del festival. Y esa misma noche todavía nos esperaban unas cuantas sorpresas más.

Llegó el turno de Rosalía, primero con una impactante apertura, su nombre repetido de manera epiléptica sobre el escenario, hasta la llegada del escuadrón de bailarinas junto con la reina patria del nuevo flamenco. De nuevo, la coreografía de bailes y luces no podía ser concebida separadamente de la música, así que nos encontramos con otro espectáculo de variedades. Pero en este caso, había momentos en el que la música y sus canciones parecían rebajarse a segundo plano a favor de la performance que acontecía. No por ello, la introducción de Pienso En Tu Mirá dejó de ser un acto épico que subió la fiebre a todos los testigos, para sumergirnos en el flamenco más urbano y rompedor. La presencia de James Blake para interpretar Barefoot in the Park con Rosalía, mereció la ovación y la emoción desatada. El momento en que volvió a interpretar Catalina después de que este testigo la viese dos años atrás con poco menos de cien personas en un concierto gratuito, fue absolutamente memorable. Y en líneas generales El Mal Querer es un álbum absolutamente disfrutable y que en directo logra mejorar la intensidad de canciones como Di Mi Nombre o Bagdad. Además de las vertientes más descaradas del reggaeton en colaboración con J Balvin, Brillo y Con Altura. Tras presentar su recién estrenado Aute Cuture, llegó ya el esperado coro de Malamente, el cual inesperadamente, flojeó un poco.

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Abandonamos el espíritu New Normal para visitar al mítico frontman de Pulp, Jarvis Cocker que trajo consigo su nuevo proyecto JARV IS… La idea que quería compartir es la de la intensidad plena de la experiencia en directo: canciones inéditas, ningún álbum publicado ni posibilidad de escucharlo en tu reproductor. Únicamente el psicodélico Must I Evolve podía adquirirse en formato single en el mismo festival. Y fue este último el que quizás cumplió con la cosmología utópica que Cocker tenía en mente para sus espectáculos en directo. El resto del concierto fue únicamente destacable por sus bailes y puestas en escena, la figura esquelética moviéndose al ritmo de britpop y el carisma innato de Jarvis fueron disfrutables, pero no suficientes para levantar los ánimos, ni siquiera cuando llegó el momento de rendir homenaje a Pulp con His’ n Hers.

Fue el momento de regresar a lo urbano, a lo sucio, a la furia más profunda de las viejas glorias “primaverers”: era el turno de J Balvin, el gran momento del reggaeton de valerse por sí mismo. Y tal como esperábamos, con confianza absoluta y ciega en un festival de tal magnitud, no defraudó. Si durante la larga hora de concierto te olvidas de la estupidez de sus letras (pensemos un momento en los Beatles, She loves you yeah, yeah… tampoco fueron unos poetas en su inicio) y te concentras en que la música puede ser también un medio de escapismo divertido para compartir experiencias con tus mejores amigos, sirve para olvidarte de todo lo demás. En ese sentido, el espectáculo fue un triunfo.

Uno no puede evitar contagiarse cuando el mayor espacio del Primavera Sound se llena de confeti y fuegos artificiales, bajos a reventar y perreo intenso. Y así sacudió Pull & Bear el quizás mayor referente del electrolatino actual entre el publico más accesible, con ardientes bombas nacidas en su último disco, Vibras. Tales como No es Justo o Mi Gente, además de temas nacidos para subir la temperatura y bajar el culo a la altura del suelo, como Reggaeton, –de nuevo– Con Altura, Contra la Pared, y continuando hasta llegar hasta un final dónde todo únicamente supone diversión y fiesta a base de tequila y ron; llena de colores, visuales sorprendentes, muñecos cabezones, lisérgicos y gigantescos, llenando el escenario en un caos incontrolado y sin sentido al loco ritmo final de I Like It Like That. Otro punto más para el lado urban de esta edición.

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A continuación, Stereolab dieron un concierto que habría merecido otra ubicación y un horario más temprano, lejos de la electrónica y el perreo. A las dos de la madrugada y en un momento dónde las ganas de bailar en el último día de festival se notan en cada nervio de los asistentes, el grupo anglo-francés hizo lo que estuvo en su mano para repasar su extensa discografía y celebrar su regreso, aunque a duras penas consiguió la notable atención de los asistentes.

Llegó el momento de trasladarse a la música de club más intensa, a los depósitos de ácido que destilaban en las raves de los años 90. Danny L Harle ofreció un set hardcore in extremis en el pequeño escenario Pitchfork sacudiendo de energía en altas horas de la madrugada a todos aquellos que buscaban un final apoteósico del festival; y que más tarde lo encontraron cuando llegó uno de los directos más esperados de la electrónica este año. Modeselektor se presentaron, entre sombras y rayos láser, para ofrecer su furia berlinesa a base de bajos tremendos y beats rimbombantes, para interpretar su último trabajo Who Else, el cual pudieron presentar casi en toda su integridad, incluidos los cañonazos I Am Your God, WMF Love Song, Wealth… y regalando también algunos y reconocibles temas de su antiguo Monkeytown. Un directo sin tregua, siempre en línea ascendente, volando las mentes de todos los que esperaron al último día y su última hora, pacientemente, para el esperado regalo final, una explosión de decibelios con Who, canción grabada a seis manos junto a Tommy Cash, y la inigualable Berlin.

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El cierre este año vino de la mano de DJ Rosario, quien regaló una fantástica sesión de electrónica y techno mezclando hits adecuados a la línea de toda la vida de este festival, desde Bowie o los Talking Heads, hasta Le Tigre o Foals.

Sin duda, el tiempo sigue corriendo, la música evoluciona y cambia, y con todo ello el público y los festivales debería seguir el mismo ritmo. La nueva línea de transformación y cambio de esta edición ha sido completamente adecuada, a la par que satisfactoria. Ha callado muchas bocas escépticas y con prejuicios, abierto nuevas fronteras musicales, acercado la música a un número mayor y disperso de gente, dejando entrar géneros hasta ahora marginados de los grandes festivales. Quizás el único problema ha sido el “efecto Coachella”, en el que muchos de los invitados daban más importancia a sus outfits, las fotografías y las stories de Instagram que no a la música en directo. Para aquellos que vienen a disfrutar, no debería ser un problema grave, pero en parte rompe con un estatuto respetable que el Primavera Sound había conservado de maravilla: un festival de música para la gente que disfruta realmente con la música. Pero en definitiva, The New Normal ha supuesto un paso adelante de cara a una nueva década que está a la vuelta de la esquina, diez nuevos años llenos de sorpresas y nuevas lineas evolutivas musicales, que todos merecemos no perder de vista. Una vez más, regresamos felices y con ganas de descubrir que nos tiene reservada la nueva edición en 2020.

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Oculto dos largos cuernos bajo un sombrero de mago.