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La seguridad de lo conocido: reseña a ‘Ripe Dreams, Pipe Dreams’ de Cameron Avery

Cuando Nick Allbrook abandonó Tame Impala para dedicarse a tiempo completo a Pond,  un tipo grande y de aspecto tosco se hizo con el puesto de bajista en la agrupación liderada por Kevin Parker. Desde entonces, han sido varias las ocasiones en que las redes han hecho eco del vínculo que Cameron Avery mantiene con los –ya no tanto– niños prodigio del rock inglés, The Last Shadow Puppets. Primero fue un vídeo en el que aparecían estos últimos, en el festival de Glastonbury 2016, bailando al ritmo de The Less I Know The Better, probablemente la canción de Currents (2015) que más éxito ha cosechado; después, durante los últimos meses de la gira de Everything You’ve Come To Expect (2016), Cameron acompañó a The Last Shadow Puppets como invitado estrella, abriendo los conciertos de la banda con algunos de sus primeros shows en solitario, en los que presentaba ya canciones que se incluirían en este Ripe Dreams, Pipe Dreams (2017). Algunos meses más tarde, a principios de este año, antes de que se publicara ese debut, se viralizó otro vídeo en el que podíamos ver nuevamente a Alex Turner y Miles Kane, que en esta ocasión disfrutaban de una noche de karaoke junto a Lana del Rey. En un momento de ese mismo vídeo, aparecía Avery compartiendo micro con Lana mientras entonaban el Tiny Dancer de Elton John y Alex Turner retorcía su cuerpo grotescamente. Lo que quizás no cabía pensar era que el vínculo que les unía iba más allá de aquella evidente amistad.

Pocos días más tarde, el 10 de marzo, vio la luz finalmente el primer álbum de Cameron Avery, en el que se exponía bajo su propio nombre y responsabilidad, esta vez sin el amparo del nombre The Growl. Quedó claro con los primeros singles y hasta él mismo lo reconoció públicamente: el principal objetivo de este disco, inspirado en algunas de las grandes voces masculinas de la historia como Frank Sinatra, Elvis Presley o, por qué no, Richard Hawley (¿entienden ahora todo el rollo que les he soltado sobre The Last Shadow Puppets?) (¿no les suena, en cierto modo, a algo que podríamos decir de los ingleses?), era la búsqueda de la belleza a través de melodías evocadoras de tintes clásicos (¿eh?).

Dejar a un lado las letras usualmente más metafóricas del rock psicodélico, desnudarse a través de letras más crudas y sentirse cómodo con ellas, eran las prioridades. Y eso ha hecho. En el transcurso del disco, Avery se declara abiertamente enamorado y a la vez se reconoce incapaz de resignarse a una vida de apacible domesticidad; incapaz de evitar caer en unos defectos que conoce perfectamente, no le queda otra opción que cantarle también al desamor. Por supuesto, todo ello viene acompañado de su correspondiente orquesta, que por momentos toma el papel protagonista (Do You Know Me By Heart) y le acerca más si cabe a esos nombres que hemos citado y, claro está, a la idea que probablemente le hayan inspirado sus nuevos amigos británicos.

El disco encuentra sus mejores bazas en esa belleza y en la voz de barítono de Cameron Avery, mientras que su falta de innovación resulta la objeción más evidente. Por ello, Watch Me Take It Away, tema en el que el mayor esfuerzo no se hace en la parte melódica, donde, de entre las citadas influencias, parece buscarse la garra presleyteriana (término que no estoy acuñando yo, por cierto), resulta uno de los momentos más insípidos del disco por intempestivo. Por su parte, Wasted On Fidelity es probablemente el tema más redondo del álbum, donde Avery desentierra con primor la belleza de una melodía impecable, digna de los grandes maestros, y consigue que no le pidamos más.

Todo esto resulta al final en un disco bonito, por momentos precioso y, sobre todo, muy disfrutable en tardes lluviosas; sin embargo, cuando se trata de un artista con el currículum de Cameron Avery, se echa en falta ese punto extra, esa vuelta de tuerca (que sí han sabido darle siempre TLSP y otras muchas bandas) a un sonido que sin ella se antoja poco más que una copia. Hecha con tan buen gusto, sin embargo, que cuando estemos dispuestos a entregarnos a la nostalgia, será un gran aliado. A mí me viene genial.

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