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Reseña completa al Vodafone Paredes de Coura 2019: nuestro primer paso por Portugal

Portugal tiene un secreto bien guardado. Algo por debajo de otros festivales que gozan de mayor asistencia y magnitud, se encuentra el festival Paredes de Coura, que aun teniendo un cartel siempre de primera categoría y una trayectoria de 26 ediciones, sigue siendo el mismo festival que siempre fue en antaño, ajustado en cuestión de escenarios, bandas y asistentes. Pero no por ello su calidad va a ser inferior. La famosa revista ‘Rolling Stone’ llegó a considerar el festival como uno de los cinco mejores de toda Europa. Por ello, una vez llegas a la pequeña villa de Paredes de Coura y respiras el aire puro y su ambiente rural, ya sabes que no estás frente al tradicional festival, sino ante una verdadera celebración de amor por la música.

Cargado con una mochila mayor que mi espalda, desciendo por el desfiladero cruzando miradas con multitud de asistentes portugueses que llevan ya varios días celebrando la festividad y guardando una plaza modesta en el campamento sobre el bosque. Cruzo el río de agua helada norteña y me empapo de un sabor a libertad, carne de cerdo y hierbas varias. Planto mis pocas pertenencias a lo alto de la montaña y echo una mirada de añoro y cariño a un festival que ya me atrapó en 2016. Y de nuevo, esta edición ha reafirmado mi creencia de que se trata de uno de los eventos musicales con mejor ambiente y calidad que hasta el momento haya visto. Así que me calzo fuerte y doy comienzo a la primera jornada.

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Miércoles.

Calentando motores y enterneciendo corazones, estaba desde primera hora Julia Jacklin en el escenario pequeño, presentando su reciente disco Crushing, un paso de gigante al frente en su carrera, y que explora los estados de introspección más maduros de la artista. Pudimos escuchar la apertura con Body, seguida de algunas de las más pegadizas como Don’t Know How to Keep Loving You, Head Alone o Pressure to Party, para disfrutar de la melosidad de esta artista de indie pop ya prácticamente consagrada desde este año. Al otro lado en el escenario grande teníamos a Boogarins directos de Brasil, una banda que en Barcelona reunieron unos 50 asistentes el año pasado y que pude ver con comodidad en primera fila, pero que en terreno portugués lograron que el escenario grande quedase abarrotado por incontables cabezas. Los herederos de la tropicalia repitieron formula sin demasiada novedad a pesar de llevar bajo el brazo su nuevo largo Sombrou Dúvida, un álbum de producción más madura y un acercamiento hacia los estados alterados, más serio y profundo.

Pero sin duda alguna, los grandes ganadores de la primera jornada fueron Parcels. Los apadrinados por Kitsuné abrieron el espectáculo con clase y admiración hacia todas las filas. Desde las primeras notas de Bemyself, la fiebre del baile y la nostalgia por épocas nunca vividas se contagiaba de una gota de sudor a la siguiente. Mientras el soul y la electrónica se fusionaban, cada músico del cuarteto destilaba un carisma único para desplegar un arrollador tren de hits bailables: Tideuprightnow sonó y a partir de allí la fiesta siguió únicamente cuesta arriba. A lo largo de la noche siguieron sin poner freno con Withourwithout, Gamesofluck, Comedown… Sin problemas para sonar como una banda seria y madura pero sin abandonar el buen humor y la alegría, se despidieron ante una avalancha de aplausos con la ya inmortal Overnight. Unos chavales que sin duda, junto con Jungle, son ya la nueva cara del renacer electrónico de la música disco.

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Llegó ya la hora de los grandes cabezas de cartel y el primer sold out para los pases de día que se anunció. El fanatismo por The National en Portugal se podía notar en la cantidad de gente que llenaba la enorme colina sobre la que descansa, a sus pies, el escenario grande. Abrieron el concierto con la nueva You Had Your Soul With You para dar presencia a
I Am Easy to Find, por ello continuaron intercalando temas nuevos con algunos clásicos. Para mi sorpresa, la mayoría de esas canciones pertenecían a Trouble Will Find Me: Don’t Swallow the Cap, Sea of Love, Graceless, I Need my Girl… Aunque, mayoritariamente fueron más coreadas canciones como Bloodbuzz Ohio o Fake Empire, el estribillo romántico y triste de Day I Die o el potente rasgueo de The System Only Dreams in Total Darkness. Pero tras llegar a la mitad de concierto, sobre esa mezcla de canciones, no necesariamente bien ordenadas y coherentes, el concierto comenzó a deshincharse y perder fuerza. Ver a The National en directo una y otra vez llega a atravesar cierta sensación de déjà-vu, de repetición constante y vaga y de emoción a veces forzada. Sin poner en duda la capacidad de Matt Berninger y los suyos de crear discos redondos y perfeccionistas uno detrás del otro y en general, canciones que funcionan a medida que pasa el tiempo, a veces la metodología utilizada parece vagamente familiar, y su directo muchas veces a falta de relajación y algo de improvisación, carece de imaginación y energía, sobretodo si estás repitiendo el visionado (en mi caso ya van tres). Así pues, viví de nuevo el acto final protagonizado por Mr. November y Terrible Love en el que Matt baja hasta las primeras filas para interactuar con el público más afín y emocionado, para dar por concluido otro concierto más. Correcto, perfectamente ejecutado, pero sin sorpresas al fin y al cabo.

Lo que sí fue una gran sorpresa y descubrimiento fue el electrizante directo de KOKOKO! quienes acaban de estrenar hace a penas dos meses su primer álbum Fongola, una fórmula original, brutal y enferma de música tradicional Africana importada desde las entrañas del Congo y mezclada con un salpicón de electrónica, ejecutada desde Gran Bretaña. Derroche de energía, subidón de baile a alto voltaje y coros enfurecidos, zapatillazos a ritmo de club y actitud punk. Una mezcla explosiva que sin duda va a dar que hablar durante un largo tiempo.

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Tras arrasar con un primer día de lo más variado y movido, a falta de solapes por la presencia calculada de pocas bandas dispuestas en los dos escenarios, tocaba digerir todo para los siguientes tres días, algo más concurridos pero igual de emocionantes.

Jueves.

Paredes de Coura amaneció templada y soleada para darse un chapuzón en el río, despejar la mente y alejar los demonios. A primeras horas de la tarde, Khruangbin invocaban espíritus del Amazonas con sus acordes selváticos y sus ritmos que flotan entre la psicodelia y el dub. No se escuchó a penas nada de su último trabajo, pero si pudimos disfrutar de los mejores temas de su primer disco The Universe Smiles Upon You o algunos de sus singles más conocidos posteriormente como María También y Friday Morning, y momentos de libertad para animar la sesión con una doble versión de Miserlou / Jump on It. Los siguientes fueron ALVVAYS, que se estrenaban en Portugal desde sus primeros acordes golpearon potentemente. La voz de Molly Rankin, profunda y segura, lidera a todo el resto de la banda, a veces dulce y a veces ruidosa y potente. Otro gran descubrimiento para llevarse a la posteridad. Pero de allí tuve que darme prisa para no faltar el despliegue de energía postadolescente de Boy Pablo. Desde el inicio, el buen humor y las payasadas de su banda convirtieron el espectáculo en toda una fiesta, y el carisma y simpatía que genera Boy Pablo en pura emoción, cuando no faltaron Every Time, Dance! Baby, Feeling Lonely, Sick You, ni Losing You, todas igual de animadas, festivas y queridas por los cientos de asistentes que abarrotaron el escenario pequeño. Sin duda, una de las mejores y más divertidas actuaciones de la jornada.

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Ahora estaban por acontecer las dos grandes y más esperadas fantasías de ese segundo día en el escenario principal. La primera fue la presencia de Car Seat Headrest, y una demostración de rock puro, fino y sin ataduras. Por sus cuerdas y golpes de tambor atravesamos canciones de Twin Fantasy y Teens of Denial. Empezaron abriendo el apetito Can’t Cool me Down, para entrar de lleno en Bodys. Directamente pasamos a la preciosa letra de Fill the Blank y los chicos de Virigina supieron desenvolverse y ofrecer una ejecución impecable, sonando conocida y recién escuchada a la misma vez. El ambiente, caliente y lleno de emoción era ya incontenible. Siguieron temas conocidos como 1973 State Park, Sober to Death, con la que estallaron pogos y empujones. Aun así, la increíble gran explosión llegó con Drunk Drivers/ Killer Whales, hacia una progresiva y calculada tranquilidad: el concierto finalizaba ya cuando llegó Destroyed By Hippie Powers y la ultima orgía de guitarras, Beach Life-In-Death.

El cansancio todavía no estaba permitido. Era el turno de dejar entrar los sintetizadores y las teclas. New Order aparecieron como nombres ya consolidados en la historia de la música, viejas leyendas que aportaron grandes cambios en los géneros del post-punk, new wave y el synth-pop. Comenzaron con su último Music Complete que ya cumple cuatro años. Singularity y Restless mostraron la nueva cara más electrónica y dance del quinteto de Manchester. Una cara algo menos inspirada que en su pasado, pero vista la edad de los integrantes, todavía fresca y divertida. Tras esto, llegó Joy Division para hacer bailar a los más nostálgicos, con dos clásicos inmortales: She’s Lost Control y Transmission. El fanatismo había tocado ya su cumbre y parecía difícil que los británicos supieran mantener el hype tras una introducción tan potente y dividida. Pero aquí es cuando esos cinco abuelos decidieron meter caña, coger impulso y sacudir a todos los jóvenes incrédulos que se habían apelotonado como suricatas curiosas. Lo siguiente fue un despliegue de música de baile intensa e imparable, con temas mixtos como Your Silent Face, Tutti Frutti, Plastic y entre medias, el momento de corear a pleno pulmón Bizarre Love Triangle. Sean conocidas o no las canciones que eligieron para este setlist, el talento que demostraron y la energía juvenil de la banda se dejó contagiar y sin duda dieron una lección de profesionalidad y humildad a cualquier escéptico. Pero hacia el final, el clímax ya había llegado a un punto de no retorno y damos las gracias: True Faith llegó por fin, siguió el siempre triunfante ritmo rave de Blue Monday y una multitud pringosa sudaba unida al ritmo de Temptation. Pero para el final dejaron el momento tierno. El homenaje siempre respetuoso a Ian Curtis y a una banda histórica. Así que les teníamos allí arriba recordándonos la inmortalidad de canciones como Atmosphere, con lágrimas incluidas, y la amada por todos Love Will Tear Us Apart. No hubo duda, la fórmula funcionó y New Order se llevaron la gran corona esa noche.

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Pero el baile todavía corría por nuestras venas, así que en el escenario pequeño disfrutamos de dos proezas de la electrónica: Acid Arab dieron un set lleno de melodías orientales, mezclando fiesta con misticismo, llevando diversidad y unidad a las melodías de baile. Y la electrónica más dura llegó con Krystal Klear un largo set que nos llevó a cerrar el festival por todo lo alto con melodías en bucle y euforia desatada.

Viernes.

Superado el ecuador toca enfrentarse a una de las jornadas más intensas del festival. Después de que la presencia española de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba demostrase en Portugal que la cultura kinki del sur puede funcionar como una bomba atómica si la mezclas con psicodelia fuzz, llegaron también Balthazar para estrenarse en el país, con un gran disco bajo el brazo como es Fever, regando al público con golpes de guitarra, voz de falsete y hits como Changes, Fever y Entertainment.

El escenario grande se lo dieron a horas de luz hacia el atardecer a Jonathan Wilson, un acierto absoluto. El que ha sido conocido también por producir a Connor Oberst o Father John Misty tiene un talento propio que surfea entre los sonidos más rurlaes de Woods a las notas altas y distorsionadas de The War on Drugs. Pero el californiano sabe sacar a flote su sonido propio e individual, convirtiendo el gran escenario en una comunidad flotante y embriagada por ritmos de distorsión folk electrizantes, fusionando la música con el precioso bosque que rodea el espacio y dando color y vibración a la suave brisa Atlántica.

De allí tuve que correr para no perder el abanico de furia rockera que demostraron Black Midi cuando este año publicaron Schlagenheim. Este cuarteto adolescente ha publicado uno de los álbumes de rock experimental más importantes del año, y lo hacen con una facilidad y naturalidad impresionante. Así que el descenso hacia los infiernos de estos londinenses fue breve pero intenso, con algunos de sus mejores temas: Near DT-MI, bmbmbm, 953 o Speedway. Otra de las grandes sorpresas y novedades que seguirán en boca de todos durante un largo tiempo más.

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Al otro lado estaban ya tocando Deerhunter así que tuve que dar un sprint para no perderme a la banda de Brandon Cox tocando con precisión y energía su excelente nuevo Why Hasn’t Everything Already Dissapeared. Sonaba Cover Me (Slowly), una de las más bonitas de su discografía, y continuó con las nuevas Death In Midsummer, No One’s Sleeping, What Happens to People? para seguir el concierto directamente con sus mejor canciones de Halcyon Digest, por lo que el concierto estuve repleto de emocionantes clásicos como Helicopter, Revival, Desire Lines, Coronado… Los de Atlanta tienen suficiente repertorio para siempre emocionar, sorprender y demostrar que son una banda de rock mutante que difícilmente decepcionará tanto a asiduos como a curiosos.

La mayor sorpresa de es anoche quizás fue la actuación de Spiritualized. Aunque se trata de una gran banda -la cual admiro profundamente desde los Spacemen 3- en directo solo la había disfrutado en un auditorio en un formato orquestral, mucho más relajado y cósmico. Y aunque me entusiasmó la clase y estilo que demostraron anteriormente, en este caso la banda se mostró mucho más enérgica y rockera, demostrando la herencia que les precede. Como no podía ser de otra manera entonces, abrieron con Come Together, para seguir con hits de la talla de Shine a Light y Soul on Fire. Presentar también su nuevo trabajo And Nothing Hurt del que salen cañonazos del nivel de The Morning After, I’m You Man o On The Sunshine, además pasando por grandes momentos de neo-soul y gospel, demostrado con un enorme final al coro de Oh Happy Day!.

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Los triunfadores sin lugar a dudas de esa jornada se retiraron para dar paso a Father John Misty, otra muestra de sobriedad y puesta en escena sin mucha salsa ni sorpresa. Aunque consigue sorprender cuando toca temas de la talla de Hollywood Forever Cemetery Sings, Disappointing Diamonds Are the Rarest of Them All o I Love You Honey Bear, su último God’s Favourite Customer probablemente no llegó a sonar como el mismo Misty esperaba.

El gran cierre del after hours vino de la mano de Peaking Lights, que nos regalaron una buen dosis de electrónica groove con momentos de puro house o dub, incluyendo voces y en ocasiones, teclado y sintetizador.

Sábado.

El día de la despedida fue quizás uno de lo más importantes, en el que la vieja y nueva escuela vuelve a unirse en una jornada diversa.

Primero pudimos ver cómo Mitski, armada con su potente voz pero acompañada de una silla y una mesa, desenvolvía su estilo y su batería de canciones de su último número 1 que encabezó listas en 2018: Be The Cowboy. La artista supo añadir coreografías alrededor de los muebles sin distraer demasiado de su música, y demostrar también una cara más creativa del indie pop.

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Probablemente el momento más esperado del festival estaba a punto de suceder. La gente cogió sitio varios minutos antes para poder conocer a la poetisa del punk desde bien cerca. Patti Smith se presentó puntual junto a su banda y abrió el concierto por todo lo alto con el gran hit People Have The Power. Ella, siempre con la revolución en las manos, gritó a un público mayormente joven a alzare y luchar por la libertad, la paz espiritual y rebelarse contra los enormes sistemas de opresión. Continuó con un viaje hacia el mítico álbum Horses que es ya historia del rock and roll, para regalarnos Redondo Beach. Siguió con nostalgia, reviviendo a Jimi Hendrix con su versión de Are You Experienced?. Siguió con Ghost Dance, otro clásico folklórico de Easter, y volvió a revivir épocas doradas con una versión de Beds are Burning, para regresar a otro de sus clásicos: Dancing Barefoot. Patti seguía juvenil y romántica, una líder sin intenciones políticas ni totalitarias, y así nos dedicó las bonitas líneas de Beneath the Southern Cross, así como más momentos de nostalgia con I’m Free de los Rolling Stones, o Walk on the Wilde Side de Lou Reed, y After the Gold Rush de Neil Young. Decidió guardar los mejores ases para el final, así que tras derramar algunas lágrimas y prometernos que había sido un concierto de lo más especial para ella al ver la multitud de jóvenes inquietos balancearse con sus frases de resistencia, nos dedicó las líneas de Pissing in A River, hizo besar y abrazarse a todos los amantes del festival con Because the Night, y revivió al final de su espectáculo el espíritu más punk y macarra, los guitarreos, los gritos y el Jesus died for somebody’s sins but not mine de su reinventada y propia interpretación de Gloria.

Sin poder recuperar el aliento y la impresión que me produjo ver a semejante leyenda viva, tuve que correr para ver tocar en el escenario pequeño a Kamaal Williams y su banda de gatos. Estos prodigios han traído de nuevo el free jazz heredero de Davies, Coltrane y Hancock, a las líneas más jóvenes con una mezcla magnética y refrescante de libertad e improvisación, pero también camaradería juvenil y rebeldía. Pocas veces se ha visto una actuación de jazz tan divertida y con un público entregado, saltando enérgicamente como un una fiesta de fin de verano.
En el escenario grande por otra parte estaba Freddie Gibs junto a Madlib presentando su nuevo trabajo Bandanda, un disco que salta del hip hop underground al jazz o incluso a los ritmos latinos. El repertorio de buenos hits en este último largo es diverso y está abarrotado, Crime Pays, Fake Names, Half Manne Half Cocaine o Freestyle Shit no faltaron en el set, ni tampoco previos temas de su anterior Piñata. Freddie Gibbs supo llevarse al bolsillo a su público e interactuar sin pausa, aunque, por momento y en su contra, abusando de su presencia sobre el escenario.

El festival se despidió de todos nosotros regalándonos otro de esos directos que son siempre sinónimo de triunfo gracias a Suede y la increíble dedicación que Brett Anderson hace en cada uno de sus directos, dejándose piel, sudor y lágrimas. El cierre lo orquestró Flohio en el escenario pequeño con su trabajo como rapera en solitario, para despedir un festival que siempre es sinónimo de calidad y triunfo, de respeto y armonía, de música y buen ambiente.

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Oculto dos largos cuernos bajo un sombrero de mago.