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En septiembre de 2015 Kurt Vile publicaba b'lieve i'm goin down..., su sexto álbum de estudio. El disco le daría a Kurt una extensa gira y el reconocimiento –nuevamente– de la crítica, todo eso más el nada despreciable visto bueno de Kim Gordon quién lo recomendó como una de sus propuestas favoritas. Lamentablemente, todo hacía suponer que la Ciudad de México se perdería el sonido en directo de dicha placa, ya que el ciclo de vida del disco ponía distante una posible presentación. No fue hasta finales del año pasado cuando Vile dio la campanada de su visita a El Plaza Condesa. Cerca de las 8:30 de la noche la figura encorvada de Kurt rompió el vacío del escenario para arrancar con Dust Bunnies, tercer pista de su disco más reciente. El músico de 37 años, acompañado de The Violators –Rob Laakso (guitarra, teclado, bajo), Kyle Spence (percusiones) y Jesse Trbovich (sax, bajo y guitarra)– dejó que el espacio se llenara de ese contraste que lo caracteriza: letras cargadas de melancolía y, paradójicamente, optimismo en cada nota desprendida de su guitarra. A la apertura le siguió I’m an Otlaw que brilló por los despuntes de banjo. Luego de una seguidilla de canciones pertenecientes al disco que lo trajo a la ciudad, el set abrigó canciones de anteriores producciones. Kurt se distingue en el panorama del indie-folk por lanzar material prácticamente cada año; desde su separación de The War On Drugs en 2008, ha lanzado EP's y LP's con menos de un año de separación (a excepción de 2014, cuando se dedicó a su hija). Así pues, la noche aún tenía mucho que ofrecer: Jesus Fever nos llenó de buena vibra, cerveza y arpegios complejos, Thats Live, tho (almost hate to say) puso a cantar al público y Goldtone fue una lección de guitarra que dejó boquiabierto a más de uno. La paleta sonora de la noche fue agarrando color, por momentos eléctrica, por momentos acústica. El sonido se empezó a dividir entre muy limpio y muy brumoso, generando un clima agradable, luminoso pero no del todo conocido, como esas horas de la madrugada en las que el tiempo parece pasar de otra manera, más lento. Del Wakin on a Pretty Daze Kurt rescató de sus recuerdos a Girl Called Alex, que a pesar de contar con menos elementos sonoros que en su versión original, complació y gustó. El viaje a dicho disco no se detuvo y nos trajo a Walkin on a Pretty Day que brilló por su nuevo arreglo acústico. Si bien la actitud de Vile puede parecer retraída y descuidada de los que abajo nos encontramos, también es de reconocer que esa intimidad genera una atmósfera especial. La paradoja del músico outsider hace que el romanticismo sea imposible de contenerse y todo se transforma en un baile suave y cauteloso entre parejas. La conexión se hace aún más efectiva cuando prevalece la acción básica de un show: admirar. Y es que ver a Kurt dominar las seis cuerdas con tal destreza y tranquilidad crea una sinergía pocas veces experimentada en un recinto de las dimensiones de El Plaza. La relajación impuesta por la guitarra acústica se quebró con la esperada Pretty Pimpin, que bien podría ser una de las canciones que mejor describa el estilo musical y personalidad de Kurt: letras hablando de problemas existenciales encajadas en una sincera propuesta de folk aderezada de los elementos eléctricos necesarios. Kurt y The Violators abandonaron el escenario para regresar a tocar Wild Imagination, un cover inesperado a Downbound Train de Bruce Springsteen y la tranquila Baby’s Arms, que a pesar de su belleza pareció no ser el hit de clausura que la gente esperaba. [accordion title='VER SETLIST' open='false']

  • Dust Bunnies
  • I'm an Outlaw
  • Jesus Fever
  • That's Life, tho (almost hate to say)
  • Goldtone
  • Girl Called Alex
  • Wakin on a Pretty Day
  • Stand Inside
  • He's Alright
  • Pretty Pimpin
  • Puppet to the Man
  • KV Crimes
  • Freak Train
Encore:
  • Wild Imagination
  • Downbound Train (Bruce Springsteen cover)
  • Baby's Arms
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