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La amplitud del sonido: reseña a ‘Who Built The Moon?’ de Noel Gallagher

Veredicto Joyride

7.9
'Who Built The Moon?' nos deja escuchar a un Noel Gallagher más cómodo, más libre y bien respaldado por una banda que ha madurado junto con él y que además recuperó a Gem Archer para afianzar los cabos sueltos. El nuevo disco de Gallagher es una pildora alucinante que complace casi a la primera escucha y que además se coloca como su mejor pieza firmada desde la disolución de Oasis.
Producción 8.8
Instrumentación 8.0
Lírica 7.0

Algo debemos de dejar claro: el camino de Noel Gallagher como solista no ha sido sencillo. Por más que el de Manchester se muestre como un caradura al que nada le sale mal, levantar vuelo no le fue sencillo. Primero abandonó a la banda de su vida en medio de discusiones estúpidas con su hermano y no sólo eso, sus excompañeros prefirieron acompañar a Liam en Beady Eye en la aventura del divorcio. Después de un insípido primer disco (que incluso se contagió de canciones de Oasis) y una secuela mejor trabajada, Noel y sus High Flying Birds están de vuelta para entregarnos su tercer largo… un par de meses después de que su Liam también estrenara disco.

Who Built The Moon? nos deja escuchar a un Noel más cómodo, más libre y bien respaldado por una banda que ha madurado junto con él y que además recuperó a Gem Archer para afianzar los cabos sueltos. El nuevo disco de Gallagher es una pildora alucinante que complace casi a la primera escucha. Por primera vez en la carrera en su carrera en solitario, Noel parece retomar lo mejor de su vida, digerirlo y escupirlo de nuevo en un modo cuidadoso, potente y a veces brillante. Toma un poco de su época alocada con Oasis, sus colaboraciones con Chemical Brothers y por supuesto, su obsesivo bagaje Beatle (y en concreto me refiero a Tomorrow Never Knows y a todos los experimentos llevados a cabo desde Revolver). No lejos también residen pinceladas de Primal Scream, The Jam y hasta Kanye West, que influyó en métodos de producción.

El tempo pasa y vaya que dos décadas marcan diferencia. En los noventa, el mundo se dividía entre Blur y Oasis; hoy esos mismos se han tenido que acoplar al Oasis Oasis (de Liam) y al Blur Oasis (de Damon y Noel). Los primeros se siguen emocionando con las guitarras rudas y los dejos de britpop combinados con rock n’roll puro; los segundos acabaron en una inesperada mancuerna que prefiere la evolución experimental ofrecida por un gear electrónico de primer mundo.

En otras palabras, podemos decir que el tercer álbum de los High Flying Birds supone un gran avance en sonido. Se percibe un rango sonoro más amplio, expansivo. Y no es casualidad, ya que el capitán que conduce el barco es nada más y nada menos que David Holmes, el gurú de la electrónica noventera. Para ejemplo, la galopante y western If Love Is The Law y un par de instrumentales que sirven como descanso en el viaje y que sin problemas podrían ser la banda sonora de una película muy francesa; eso sin mencionar el espectacular remate en The Man Who Built The Moon, que sin problema aparecería en una cinta de James Bond.

Noel Gallagher ha querido huir de su zona de confort y su mancuerna con Holmes nos ha entregado uno de los discos más valientes y ambiciosos de Noel con y sin Oasis. Aunque hay que ser claros (y dejar de lado cualquier especie de fanatismo): tampoco es que suene avanzado o realmente innovador. Las capas y sonidos que maneja son demasiado conocidas y están demasiado asimiladas por todos –sobretodo aquellos que le han seguido la pista a través de los años. Su concepto de “experimental” se siente un poquitín viejo, las cosas como son. Y obvio, no podemos pedirle a un tipo testarudo y necio que deje de serlo de la noche a la mañana.

Volvemos a la digestión de formulas conocidas… Noel dice haber inspirado Keep on Reaching en Sly Stone y Marvin Gaye, Holy Mountain también está abiertamente inspirada en en el Bowie del Diamond Dogs e incluso, si escuchamos con detenimiento encontramos la preciosa Chewing Gum Kid de The Ice Cream; sólo nos queda decir que el concepto de experimentar de Noel Gallagher es coger las bases de Setting Sun con muchos años de retraso.

Lo curioso es que el disco funciona. A diferencia de sus placas predecesoras, el álbum se siente compacto y tiene puntos que equilibran la experimentación desembocada y los sonidos de siempre. El gospel galáctico de Keep On Reaching encaja sin forzar, así como los tracks instrumentales, que merecen mención honorífica; Fort Knox –que incluye el sonido de un despertador provocando locura– arroja una maqueta inspirada en Power de Kanye West que revoluciona Fuckin’ in the Bushes, aquella canción que abría el Standing on the Shoulder of Giants de Oasis y que sirvió para abrir los conciertos de aquella gira. Mismo caso para Wednesday Part 1 y Wednesday Part 2 que me recuerdan a esos Cat’s Eyes que tan interesantes bandas sonoras saben hacer.

El extra llega en los dos añadidos que aparecen en las ediciones especiales del disco. Por un lado Dead In The Water, que aunque pareciera no tener lugar en la naturaleza del disco acaba siento una linda y melancólica pieza acústica que nos recuerda a las viejas Talk Tonight o Sad Song y la costumbre de Gallagher por estos insertos. Por el otro la más anecdótica God Help Us All, que prueba que las estocadas de Paul Weller continúan siendo efectivas. De algún modo, en Who Built The Moon Noel se homenajea a sí mismo y lo hace por todo lo alto: despachando influencias personales en una colección de canciones valiosas y tan convincentes como inmediatas. El inglés confirma que sigue siendo una personalidad importante en nuestros días, desafiando orgulloso a detractores con la presente referencia, rallando a gran nivel y dejando tres o cuatro temas monumentales y valiosamente atemporales.

Fotos: Lawrence Watson | Cortesía Universal Music

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