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A Silent Film y Nick Mulvey conquistan México

Fotos: Isabel Blanco

El sábado por la noche, para cerrar las actividades del primer día del Brit Bazar organizado por la Embajada Británica en México e Indie Rocks!, tuvimos la oportunidad de ver los shows de Nick Mulvey y A Silent Film en el foro de la revista antes mencionada.

Luego de un par de días con un inclemente y cambiante clima, la noche se prestó fresquita para beber algo de la barra y presenciar los primeros conciertos de estos artistas, que también fungieron como embajadores de la cultura de su país.

El primero en tomar el escenario fue Nick Mulvey, un músico preparado en La Habana, Cuba y en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres, quien se adueñó del recinto armado sólo con su guitarra y su voz. No precisó de nada más.

La primera canción fue una suerte de robo; no tomó ni pidió la atención de los presentes, la robó. April no es la más animada de sus canciones, ni la que por lógica alguien utilizaría para abrir su concierto, pero con esta pieza Nick calentó la garganta, obligó a los dispersos -gente que iba a platicar con música en vivo para ambientar- a irse a la parte posterior del recinto y mostró que con su música también se baila. Fue su mano, marcando un par de acordes de forma repetitiva sobre la guitarra, la que abrió la pista.

Presumió, con algunas palabras en español, de haber comido cuanta comida le pusieron enfrente a lo largo de su estancia en México y agradeció a todos los presentes para dar paso a Meet Me There. Canción un poco más conocida dentro de su repertorio y con la que se escucharon los primeros coros ofrecidos por un público que se mostró animado por lo que estaba escuchando. Pocos sacaron sus celulares durante su presentación y si lo hicieron fue para quedarse con una postal de la noche.

Y hay mucho tiempo, para beber whiskey y vino/La última copa siempre es como la primera”, dice Nick en Juramidam; al finalizar, alzó un vaso lleno de mezcal para brindar con los presentes.

Desde hace cinco años es solista, y en el 2014 salió su álbum debut; es por ello que esta ocasión le pareció idónea para presentar una nueva canción que vendrá en su próximo disco y adelantó que ya tiene todas las canciones que formarán parte de él.

México debe de haberle gustado mucho, pues juró que no tenía ganas de irse, no todavía; con esta declaración pudimos adivinar que venía una de sus cartas más fuertes: I Don’t Want To Go Home. Canción que desde sus primeros acordes, provocó que quienes fueron acompañados se volvieran uno en un abrazo.

Para cerrar su participación, eligió Curucu. Una canción que sostiene una conexión directa con nuestro país, pues su mamá solía cantarle Cucurrucucú paloma cuando el compositor era apenas un niño. Y así, en medio de los aplausos de un público que se entregó al placer contemplativo de un show en vivo, prometió volver pronto.

Unos veinte minutos después subió A Silent Film que, a diferencia de su compatriota, empezó con más energía, como una declaración de principios. Y desde el inicio Robert Stevenson (voz) hizo alarde de ser un buen frotman, pues se plantó frente al público de tal manera que parecía querer hacer contacto visual con cada uno de los presentes.

Tomorrow y Something To Belive In fueron las canciones con las que decidieron mostrar que son la banda dinámica que dijeron ser durante la charla que tuvimos con ellos un día antes.

Si bien sus primeras canciones tuvieron inicios poco afortunados a causa de fallas técnicas, eso no los hizo decaer en ánimo ni mucho menos pues siguieron tocando con una actitud onda: ¡Al carajo, hagamos esto! Y de aquella banda que se describía como una gustosa del pop no quedó nada: todo fue rock desde ahí.

El público al escuchar Lighting Strike no pudo más que mover el cuerpo contagiados por el rítmico paseo de Robert por el escenario, que quizá no era el más grande, pero sí parecía uno muy importante. Al menos ese fue el trato que le dieron.

Checa nuestra entrevista con A Silent Film

Luego nos cantaron la historia de Danny y Dakota, el amor de dos jóvenes que se fueron para cometer errores y volverse a encontrar en el lugar donde se conocieron. En ese momento -guardando toda proporción- parecía que estábamos escuchando la versión joven de una canción de Bruce Springsteen, con lo que confirmaron sus influencias.

Se bajaron momentáneamente sólo para emocionar al público y tocar un cover acústico de Dancing In The Dark, canción del antes referido Jefe.

A pesar de los tropiezos al principio, A Silent Film puede presumir de haber salido airoso de su primer concierto en la Ciudad de México y, al igual que Nick, prometieron volver pronto. Para cerrar con el mismo ánimo y actitud, eligieron la que es, probablemente, su canción más romántica: I Don’t Need A Reason.

En realidad es así, con música, como los países estrechan relaciones. Las más importantes: las culturales.

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Periodista | Escritor | Detective salvaje