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Entrevistamos a Mucho tras la publicación de ‘Pidiendo en las Puertas del Infierno’

Texto: Luis Garau Villalonga | @GarauLuis | Corresponsal Joyride Europa
Fotos: Clara Juárez
Con su flamante tercer disco en nuestras manos y su concierto de presentación en Madrid a la vuelta de la esquina no podíamos dejar pasar la oportunidad de charlar con Mucho. Su disco más arriesgado, menos convencional y más furioso era el pretexto perfecto para que nos contasen un poco cómo ha sido el proceso de creación, cómo está siendo la presentación y, por supuesto, su opinión sobre algunos temas que nos gusta debatir en las entrevistas. Quedamos con Martí Perarnau IV, único residente permanente de la banda en Madrid, en un bar con mucho jazz y mucha clase; con un café, un té y los meñiques hacia el cielo, comenzamos nuestro inquisidor cuestionario.
Dado que nuestros lectores en México probablemente no los conozcan como los conocemos en España, ¿cómo presentarías a Mucho a alguien que lo va a escuchar por primera vez?

Tengo la sensación de que México es un país mucho más abierto musicalmente y con muchos menos prejuicios que nosotros, así que supongo que lo presentaría por lo menos igual que aquí. Mucho somos un grupo que hacemos música cósmica, con letras un poco rabiosas y que utilizamos sintetizadores como para una boda. Me da la impresión de que podríamos gustarles, ojalá podamos tener la oportunidad de averiguarlo (risas).

En este disco el término cósmico ha cobrado más sentido que nunca. ¿Sientes este cambio como una necesidad?

Escribí la primera canción, Fue, con un teclado emulador de cuerdas que se usaba mucho en los setenta y unas cajas de ritmos. Me di cuenta de que sonaba flipante, no había necesidad de utilizar guitarras. Incluso el bajo era con sintetizadores. A partir de ahí me lo tomé como un reto personal: “voy a intentar hacer un disco en el que suenen todo el rato estos teclados y que las guitarras no jueguen ningún papel principal.”

¿Los teclados son tu instrumento natural?

La verdad es que ahora ya no lo sé. Yo me consideraba guitarrista pero lo que más he tocado en las bandas en las que me han contratado es el teclado. El otro día vi un documental de Brian Eno y decía que él no es músico (risas), me recordó bastante a mí porque yo no controlo ningún instrumento con maestría pero a la vez sé tocar bastantes cosas. Creo que lo que mejor se me da es buscar sonidos.

 
 
¿Cómo ha sido el traslado de las canciones al directo? ¿Les cuesta combinarlas con las antiguas en un setlist con sentido?

Nos daba mucho miedo, pero una vez hemos ensayado creo que se nos da mejor tocar las nuevas porque sentimos que suenan muy poderosas y las antiguas nos suenan ahora bastante más pequeñas. Algunas las hemos adaptado al nuevo sonido y otras las hacemos igual porque no cabe esa posibilidad. Al final hemos optado por comenzar los conciertos con canciones antiguas y pasar hacia el final a las nuevas, por eso de que nos suenan mucho más grandes.

Tengo entendido que entraron al estudio con las canciones bastante verdes y una vez ahí, se dejaron llevar. ¿Fue intencionado? ¿Cómo ha sido la grabación?

Sí, la idea era cambiar el proceso de creación igual que el de composición. Fue una regla autoimpuesta y para mí resultó más sencillo porque ya me las sabía, pero para los otros fue un reto bastante cachondo. Creo que al final no fue tan dramático; algunas pistas las importábamos directamente de la maqueta como referencia y a las cuatro o cinco tomas todos se sabían la canción para grabarla. Creo que moló porque cada uno aportó aquello que sale primigenio y fresco a la vez que de la presión de tener una semana para grabar todo. Estuvimos viviendo en La Casamurada, donde grabamos, y no había horarios, lo cual molaba porque podíamos trabajar todas las horas que quisiésemos. De otra manera igual no habríamos tenido tiempo suficiente.

Todos tienen otros proyectos además de Mucho. ¿Cómo se compagina eso? ¿Influye en el sonido de la banda?

En el sonido de la banda no creo que influya, pero sin duda a mí me ha influido conocer la forma de componer de otros artistas en la forma de entender la música. El acompañarles al piano o la guitarra e intentar ver qué era lo que necesitaban sus canciones creo que es lo que más me ha ayudado a mejorar. Compaginarlo es muy difícil porque no me da tiempo a vivir, pero a la vez es muy enriquecedor porque no he dejado de tocar en cinco años.

Creo que mucha gente coincidirá en que tienes un estilo muy marcado al cantar. ¿Escribes las letras teniendo en mente la melodía o adaptas tus textos a las canciones?

Antes hacía más lo de tener una melodía que sabes que funciona y encajar la letra, pero el último disco y algunas del anterior están hechas a partir de los textos. Tengo parrafadas guardadas en el móvil y al escribir la canción voy seleccionando las partes que más me gustan. Creo que siempre voy a intentar hacerlo así porque me funciona, pero supongo que depende de cada uno.

En este disco se te nota especialmente cabreado con el mundo. ¿Crees que es vuestro disco más político?

Sin duda. Aunque siempre he hablado de lo mismo creo que mi cabreo va en aumento con los años (risas), y me parece bien porque creo que en este país falta gente que se moje y hable de temas que realmente les afectan. Lo que tenía claro es que quería que mis letras se entendieran y fueran muy honestas, que fuesen al grano. Creo que lo he conseguido y en muchas partes son especialmente directas. Es casi terapéutico.

Dices en Fue, “fue que tocar bien da igual”. ¿A qué te refieres?

Pensaba en general, en la música que yo llamo ‘aburrida’. Los grupos que parece que hacen canciones como si fuera una cadena de montaje y tienen un sonido estandarizado en España. Lo cierto es que son mayoría y es una corriente mainstream que se ha cargado un poco la originalidad. Ya hacía referencia a ello en Grupo Revelación porque es un tema que a mí me quema mucho.

Todos han tenido antes otros grupos (Underwater Tea Party, The Sunday Drivers…) de corte más clásico y que cantaban en inglés. ¿Por qué cambió esto al comenzar Mucho?

Creo que fue culpa de Ricky Falkner (Egon Soda, Mi Capitán,…). Teníamos medio pensado montar el grupo y le comentamos la idea de grabar con él. Estábamos en Barcelona y durante toda la noche estuvo insistiendo bastante en que debíamos cantar en castellano. Su discurso me pareció bastante convincente, creo que él abandera muy bien la defensa de nuestra lengua en la música. El problema vino cuando tuve que escribir las letras, pero creo que con el paso de los discos, a nivel lírico, he acabado dando con la tecla.

En representación de Joyride Magazine siento siempre la necesidad de preguntar: ¿se plantea la idea de dar el salto al otro lado del charco en un futuro?

Para mí sería el verdadero sueño de todo esto. Tengo muchos amigos que están tocando por ahí y me cuentan que es increíble cómo se vive la música. Si no lo hemos hecho es porque económicamente sería un poco un suicidio. Si hubiese alguien interesado sería más fácil; si me preguntan qué es lo que más ilusión me haría que pasara con mi grupo sería ir a tocar ahí, sin duda.

Escucha Pidiendo en las Puertas del Infierno de Mucho a continuación:
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En 2011 escribí sobre Jack White e inició Joyride. Rocanrol y karatazos.