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La consagración de lo cósmico: ‘Pidiendo en las Puertas del Infierno’ de Mucho

Texto: Luis Garau Villalonga | @GarauLuis | Corresponsal Joyride Europa
 

Los majetes de Mucho, banda toledana formada por antiguos e inquietos miembros de The Sunday Drivers y Underwater Tea Party, han sabido desmarcarse desde su primer álbum, publicado allá por 2011, de todo aquello que precedió a la banda en sus trayectorias musicales. Bajo la batuta de Martí Perarnau IV, compositor y autoproclamado cantante problemático, llevan 5 años creando una fuerte identidad que les ha convertido en uno de los grupos más originales y únicos de España.

 
Con sus anteriores trabajos, Mucho y, especialmente, El Apocalipsis según Mucho, ya dejaban entrever que nadie en la banda tenía intención de acomodarse y revelaban un arduo trabajo de composición y búsqueda de un sonido propio. La instrumentación nunca se salió de lo convencional en esos trabajos, pero ya había algo que les daba ese toque que acabaron por catalogar de cósmico tanto ellos como todo aquel que hablaba de ellos. Unas arrastradas líneas de voz y unas letras tan inverosímiles como vívidas daban la puntilla y elevaban todo a la segunda categoría con la que gustosamente definen su estilo, sideral. Hoy son dos discos imprescindibles del rock patrio de los últimos años.



Pero lo que ha caracterizado la trayectoria de Mucho hasta la fecha es la inquietud artística, que les ha llevado en este último disco a meterse de lleno en la experimentación de nuevos sonidos y texturas, construyendo su álbum más arriesgado y acertado hasta la fecha. Se han desinhibido y han dado rienda suelta al disfrute personal, teniendo como resultado una inmersión en atmósferas de sintetizadores que en ningún momento se lleva por delante la fuerte identidad intrínseca a la banda. Con la evolución definitiva de Martí a la voz, en este disco han dado con la tecla para que todo funcione como un reloj, a su manera. Han acabado de encontrarse a sí mismos y se sienten extremadamente cómodos tras la alocada dicción de unas letras que rebosan impotencia y protesta. La libertad con la que han afrontado esta nueva etapa queda patente tanto en la duración y el estilo de los temas como en la manera de encajar el texto adecuado como sea necesario, marca de la casa.

 

Las influencias, por otra parte, también han sido filtradas con total honestidad y han sido aprovechadas a lo largo del disco para conseguir hacer de su estilo una inagotable fuente de productos frescos. Reconocido y confirmado por ellos mismos, se pueden escuchar retazos de Michael Jackson, Prince o Kendrick Lamar que les han ayudado a sorprender con su apabullante capacidad de reinvención y una seguridad total en lo que tienen entre manos.
 
Mucho es un león de cuatro cabezas similar al que retrata el tema que abre el disco, pero en este caso las cabezas funcionan en perfecta sintonía. Pocos grupos en España pueden toser a los toledanos, que se encuentran en estado de gracia. Si el plan funciona como se ha planeado, este disco debería catapultarles a la primera línea de la música independiente. Mientras tanto disfrutaremos viendo como sucumbe el universo ante ellos al son de Pidiendo en las Puertas del Infierno.



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En 2011 escribí sobre Jack White e inició Joyride. Rocanrol y karatazos.