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Un placentero día en casa: reseña a ‘Fading Frontier’ de Deerhunter

Texto: Luis Garau Villalonga | @GarauLuis | Corresponsal Joyride Europa
 

La de Bradford Cox es una cabeza tan alocada como genial. El cerebro de Deerhunter lleva siete discos virando a placer el timón de la banda, renovando su sonido y experimentando. Mientras tanto, Lockett Pundt, desde la sombra y la sensibilidad melódica, se encarga de otorgarle cordura y aportar algunos de los puntos más luminosos. Entre ellos han elevado a la banda a un nivel casi de culto en el que sus acérrimos adoran sus composiciones y, plancenteramente, se dejan descolocar nuevamente con cada publicación.

Todo eso se debe, por supuesto, a una patológica permeabilidad entre Cox y sus canciones. Pocas veces podemos ver una carrera cambiar tan radicalmente de rumbo en base a las experiencias o tragedias del artista en cuestión (como dice el tema de apertura: “You should take your handicaps / Channel them and feed them back / Till they become your strenghts.”). Si en 2011 Halcyon Digest y Parallax, álbum en solitario de Bradford como Atlas Sound, venían fuertemente marcados por la muerte de personas cercanas a éste y en 2013 Monotonia parecía indicar que por primera vez se nos había enamorado, ahora Fading Frontier parece ser el renacer de un artista que sufrió un atropello a finales del año pasado. Pero no necesariamente en el mejor sentido del concepto.



Se trata de un álbum que, si bien es casi sobresaliente en su elaboración, supone un parón en esa meteórica carrera por la autoreinvención. A lo largo de su tracklist encontramos algunas de las más refinadas composiciones de la banda, como Breaker, una auténtica maravilla pop y el primer dueto vocal Cox-Pundt, o Snakeskin, un temazo rompepistas que parecía intuir un nuevo paso adelante en la experimentación. Sin embargo, escuchando detenidamente el disco, nos podemos dar cuenta de que fue un espejismo y que parece haberse perdido un poco esa curiosidad intrínseca a la banda.

A pesar (¿a pesar?) de todo esto, nos encontramos ante una preciosa colección de canciones. Se dice que cuando algo funciona bien no hay necesidad de cambiarlo, yo estoy de acuerdo con eso, y en este disco las fórmulas que Deerhunter ha empleado ya anteriormente siguen funcionando a la perfección. Los paisajes sonoros siguen siendo el puente perfecto en sus canciones y la voz arrastrada de Cox sigue hipnotizando como antaño mientras recita las ambiguas letras del disco. 


El tema que abre el álbum, All The Same, sería quizás un buen titular para esta crítica si quisiésemos azotar duramente a la banda. Pero tampoco es así, no vamos a ser injustos. El problema es que quizás nos hemos malacostumbrado a las sorpresas con esta banda y a veces lo que más te apetece es quedarte en casa o hacer las mismas cosas de siempre con la misma gente de siempre –más aún si acabas de ser atropellado-. Y para ello tenemos el placer de poder escuchar temas como Living My Life, Duplex Planet o Carrion y pasar un buen rato entre viejos amigos.

Quizás se haya difuminado un poco la imagen de la banda como estandarte del inconformismo pero no se ha perdido la delicadeza pop aderezada con locura. Además, ¿quién dice que en el futuro no vayan a seguir investigando nuevos derroteros musicales? Como ya dije al principio, Bradford Cox es una cabeza tan alocada como genial de la que podemos esperar desde lo grande hasta lo más grande. Así que, aunque haya tratado de poner sobre la mesa el que considero el mayor “problema” del disco, he de admitir que han conseguido atraparme una vez más. Fading Frontier es un álbum para disfrutar de Deerhunter en su máxima expresión y de forma pausada, quizás un paseo tranquilo –y cortito- para Bradford Cox después de un año complicado.

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En 2011 escribí sobre Jack White e inició Joyride. Rocanrol y karatazos.