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Unknown Mortal Orchestra encandilan a sus seguidores en Madrid

Texto: Luis Garau Villalonga | @GarauLuis | Corresponsal Joyride Europa
Fotos: Clara Juárez

El pasado jueves vivimos una gran noche en la Penélope. El paso de Unknown Mortal Orchestra por Madrid, largamente esperado, resultó en uno de los conciertos más apasionantes de lo que va de temporada. Tras la consolidación que ha supuesto Multi-Love para la banda liderada por el ecléctico Ruban Nielson, parece que un gran número de personas se han subido al carro o, al menos, se han entusiasmado del todo, si aún no lo estaban, con el proyecto.

Nuevamente, porque ya tuvimos la oportunidad de verla en Madrid hace menos de un mes, la encargada de abrir era la catalana Nuria Graham. Una invitada de lujo que, esta vez sí, acudió a la cita respaldada por su banda, lo cual le permitió plantar sobre el escenario un directo mucho más poderoso y elaborado. De hecho, no podíamos imaginar lo poderoso que llegaría a ser. La voz dulce de Nuria contrastó en todo momento con una instrumentación recargada, si bien no por el número de músicos, por los efectos de guitarra y teclado. Con el apoyo rítmico que le aportaban sus compañeros, la de Vic se permitió el lujo de adentrarse en atmósferas shoegaze sin ningún tipo de complejo. Agradecida en todo momento, al público por su acalorado recibimiento y a UMO por su invitación, no dejó indiferente a nadie antes de bajarse para presenciar el plato fuerte de la noche con el resto de los asistentes.

Los miembros de UMO fueron apareciendo progresivamente sobre el escenario, montando sus instrumentos y arreglando algún problema de sonido antes de empezar. En cuanto salieron, supimos que aquello, ya solo por la entrega del público, iba a ser algo digno de ver. Tras un poco de ruido de fondo y sin mediar palabra comenzaron a presumir de sus grandes canciones. El sonido de la banda en directo, reforzada tras la publicación de su último álbum con Quincy McCrary a las teclas, resultó abrumador y distintivo; esto en gran parte gracias a la capacidad de Ruban Nielson de, además de diferenciarse como un guitarrista muy especial, construir una maraña de efectos que salen del amplificador mezclados en ese sucio sonido analógico que le otorga una personalidad única tanto a él como a la banda.

Sin ninguna prisa por acabar, la banda se permitió largos interludios instrumentales con los que encadenaban –o no– los temas. Cada uno de ellos se reservó un hueco para dar rienda suelta a su virtuosismo con el beneplácito de sus compañeros y del público; así, pudimos presenciar desde largos solos de guitarra y batería hasta íntimos momentos construidos entre el teclista y el cacareo del público. Como resultado, el setlist pasó de alguna forma a un segundo plano para convertirse el concierto en una toma de contacto en que la banda parecía medir con gozoso asombro la respuesta de los asistentes mientras estos descubrían personalmente por qué esas canciones resultan tan irresistiblemente adictivas.

A pesar de la naturaleza de este proyecto, en que Ruban Nielson es el patrón y dueño de las canciones, la banda derrocha complicidad entre sus miembros y eso se nota. Avanza bajo la batuta de Nielson pero su ostracismo autoinfligido cada vez va siendo más cosa del pasado. El sonido de su última grabación muestra un aumento en su permeabilidad para con la banda, o eso nos gusta pensar, que le permite investigar nuevos derroteros y empaparse de nuevas influencias e ideas. No por casualidad podemos fácilmente reconocer melodías provenientes de la música negra o ritmos del funk, a los que la voz de Ruban Nielson se adapta –o adapta– perfectamente, como en la maravillosa The World Is Crowded, una de las más aclamadas de la noche.

Pese a lo dicho anteriormente, hemos de reconocerlo, a todo el mundo le interesa el setlist y todo el mundo tiene sus preferencias. Se centraron como es natural en su última publicación pero no se olvidaron de sus anteriores álbumes, intercalando canciones necesarias como Like A Shark, So Good At Being In Trouble o Ffunny Ffriends entre otras más recientes pero ya clásicas como Multi-Love, Necessary Evil o la ochentera Can’t Keep Checking My Phone, con la que cerraron la noche entre bailes. Si con sus álbumes habían logrado atraerlos al concierto, en él afianzaron a una ingente cantidad de seguidores de los que difícilmente les costará desprenderse.

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En 2011 escribí sobre Jack White e inició Joyride. Rocanrol y karatazos.